El boom de las exportaciones energéticas y, en mucha menor medida, de las mineras, ya ha cambiado para bien el panorama de las cuentas externas argentinas. Para la próxima década se espera que el alivio sea aún mucho mayor, aunque especialistas advierten que, incluso en el escenario más optimista, el ingreso adicional de dólares no permitirá alcanzar los niveles que presentan los países más ricos en recursos naturales (RRNN) y deberá estar acompañado de una política industrial, científica y tecnológica.
La reversión en el saldo de la balanza energética en los últimos años es un factor determinante a la hora de explicar por qué el país acumula 31 meses consecutivos con superávit comercial. Entre el primer semestre de 2025 y el primer semestre de 2026 el resultado acumulado se quintuplicó, desde los u$s2.800 millones hasta los casi u$s14.000 millones; según la consultora LCG, el 20% de ese incremento lo aportó el sector de Combustibles y Energía.
Vale recordar que, entre 2011 y 2023, las importaciones en este rubro superaron a las exportaciones. El giro de 180 grados a partir de entonces, gracias a la maduración de la producción no convencional de Vaca Muerta y el desarrollo de infraestructura de transporte, es una de las razones por las cuales hoy tenemos una apreciación cambiaria similar a la de 2017, pero con una cuente corriente mucho menos deteriorada.
Energía y minería: una locomotora de dólares que no logra acercarnos a los países más ricos en recursos naturales
Por el momento es el petróleo el que tracciona las ventas a otros países en energía y minería, con el litio y el oro aportando también lo suyo, en un contexto de precios internacionales favorables. Hacia adelante, se espera que el cobre se sume a esta ola a partir de nuevos proyectos.
De acuerdo con un informe de la organización Fundar, en base a datos del Ministerio de Economía, en 2025 las exportaciones netas (es decir, descontando las importaciones) de estos dos sectores «estrella» de la economía local totalizaron unos u$s13.000 millones. Para 2035, se estima que las mismas treparán a u$s75.000 millones, casi seis veces más que las observadas el año pasado.
En caso de cumplirse esa proyección, la organización Fundar calculó que las ventas externas de productos primarios por habitante se triplicarían, desde los u$s1.060 actuales hasta los u$s3.179. Esa cifra permitiría superar a países como Brasil, Perú, Estados Unidos, Uruguay o Rusia, pero Argentina seguiría ubicándose por debajo de aquellas nacionales más apalancadas en los RRNN, como Chile, Australia, Canadá, Noruega o los Estados petroleros de Medio Oriente, entre otros.

«Las industrias extractivas serán una locomotora de dólares, pero no de tantos dólares como solemos creer», señaló la entidad dedicada al estudio, investigación y diseño de políticas públicas para el desarrollo. Es por ello que sostienen que esa locomotora de dólares debe «arrastrar a otros vagones»: en otras palabras, debe contribuir a fortalecer encadenamientos productivos que traccionen la actividad en otros sectores, como industrias o servicios proveedores.
La importancia de los encadenamientos productivos en Argentina
Esta postura se apoya en el hecho de que Argentina es un territorio con un capital natural per cápita que equivale a un 16% del que tiene Australia, a un 33% del de Canadá y a un 60% del de Chile. Un reflejo de que los recursos naturales no alcanzan por sí solos para darle trabajo a un país con 47 millones de personas, con una extensa y diversa geografía, y con capacidades acumuladas en muchos otros rubros.
En ese sentido, desde Fundar sostuvieron, en diálogo con periodistas, que «la Argentina extractiva» puede hacer que las exportaciones e incluso el Producto Bruto Interno (PBI) mejore, pero, si no viene acompañada de una política productiva inteligente, arrastra pocos proveedores locales, poco empleo formal, poca creación de empresas y poco desarrollo científico-tecnológico. «El riesgo es un territorio más rico mientras dure el boom, con una economía dual y una sociedad más conflictiva», alertaron.
Como alternativa, desde la organización proponen un modelo productivo que también ponga el foco en hacer crecer las exportaciones y el PBI, pero generando estos efectos multiplicadores que permitirían maximizar la generación de empleo formal y cortar, por lo menos en parte, con esta economía dividida en «ganadores» y «perdedores». Y este modelo lejos está de ser una utopía, sostienen, teniendo en cuenta que ya existen 10.000 empresas proveedoras de petróleo y gas distribuidas en las 24 provincias, aunque fundamentalmente en la región Pampeana y en la Patagonia.
Tres países que lograron enganchar a la locomotora con sus vagones
En el marco de una exposición ante la prensa, Daniel Schteingart, Director de Desarrollo Productivo de Fundar, puso como ejemplos los casos de Noruega, Australia y Canadá, tres países que lograron un desarrollo basado en RRNN pero con «vagones enganchados a la locomotora». Y lo hicieron, según detalló el especialista, con una estrategia en cada caso: Noruega con una postura mucho más estatista y nacionalista, y Australia con una desindustrialización planificada, aunque ambos con financiamiento público y un horizonte claro.
En Fundar defienden la idea de que «sin macro no se puede, pero solo con la macro no alcanza». En esa línea, resaltan que, de los 150 países que tienen estabilidad macroeconómica, solo 40 son desarrollados, y que todos ellos tienen un denominador común: estructuras productivas complejas, no solo extractivas.

