Hace más de una década, Alberto Rodríguez-Fraile, fundador de la gestora A&G, estaba en una cena con otros banqueros en Santander. Un alto cargo de Caja Cantabria, que defendía el negocio bancario tradicional, le retó a que en 10 años su caja de ahorros seguiría al pie del cañón mientras que A&G, al ser tan pequeña, difícilmente podría sobrevivir. Ha pasado el tiempo y ha ocurrido lo contrario. Mientras que Caja Cantabria desapareció en 2014, A&G continúa, al gestionar en la actualidad unos 18.000 millones de euros, repartidos en 11 oficinas en España y en Barcelona –donde lleva dos décadas–, que representa el 10% de los activos. El crecimiento es notable, si se piensa que en 2018 los activos bajo gestión apenas superaban los 10.000 millones.
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