La situación es dramática al punto que las aguas infestadas terminan ingresando a las casas por los vehículos, a lo que se suman las complicaciones para el correcto drenaje de baños, cocinas y la contaminación ambiental por malos olores que dificulta el uso normal de los espacios abiertos.
En junio una cuadrilla acudió al lugar, pero la solución no sirvió de nada. A los pocos días los efluentes cloacales volvieron a copar los cordones y, aunque los vecinos reclaman de manera constante, la opción de la compañía parece ser mirar para otro lado. «Desde el número asistencia por Whatsapp dicen que le pasan o reiteran el pedido a las cuadrillas, pero a la vez aseguran que no tienen idea de cuándo pasaran a revisar. Es tirar el reclamo en saco roto», asegura un vecino compungido porque la situación afecta la salubridad de la zona.
«Nos hubiera gustado que atiendan y resuelvan los pedidos sin que debamos acudir a los medios. Lamentablemente no fue así», agregó y remató: «padecemos un drama constante de aguas infestadas y contaminación que atenta contra nuestra salud», agregó.



