Alberto Pellai, experto en psicología: «Antes los preadolescentes pedían la moto o salir por la noche. Hoy los conflictos familiares surgen por el uso de dispositivos digitales»

Hoy ya no sorprende que muchos chicos de diez años tengan celular y pasen buena parte del día entre videojuegos y redes sociales. Las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida cotidiana de los preadolescentes, al punto de transformar también la relación con sus padres.

Lo que antes generaba discusiones, como querer salir por la noche o volver más tarde a casa, hoy muchas veces tiene que ver con cuánto tiempo pasan conectados y qué hacen cuando están frente a una pantalla.

«Antes los preadolescentes pedían la moto o salir por la noche. Hoy los conflictos familiares surgen por el uso de dispositivos digitales», explica Alberto Pellai, psicoterapeuta especializado en desarrollo infantil y adolescente a El Mundo.

Y agrega: “Durante los últimos 15 años, los preadolescentes fueron absorbidos por el mundo digital. Y eso ocurre en una etapa de la vida en la que el contacto con la realidad es fundamental”.

Alberto Pellai, psicólogo: “Las experiencias concretas de la amistad, la enemistad y el primer amor son las que nos hacen crecer»

El problema, según Pellai, no se limita al tiempo que los jóvenes pasan frente a una pantalla. “El uso excesivo de la tecnología tiene un impacto negativo sobre las capacidades cognitivas de los jóvenes”, señala.

En esa línea, el experto cita un estudio de la Universidad de Milán-Bicocca que encontró una relación entre el acceso temprano a las redes sociales y un menor rendimiento académico.

La preocupación aumenta cuando el mundo digital comienza a reemplazar por completo las experiencias fuera de la pantalla.

Cada vez más chicos están sumergidos en videojuegos y redes sociales desde temprana edad. Foto: ilustración Shutterstock.

“En los casos más graves, la señal de alarma es diferente: el desplazamiento del mundo real al virtual, la pérdida de cualquier interés, motivación o deseo. Una auténtica adicción”, advierte.

Ese cambio también se refleja puertas adentro. “Hoy, en cambio, el conflicto familiar gira en torno al tiempo y la manera de utilizar el mundo digital”, explica Pellai.

Poner límites, sin embargo, no siempre resulta sencillo. El psicoterapeuta asegura que algunos jóvenes pueden reaccionar con violencia cuando sus padres desconectan el dispositivo o les sacan el teléfono. Según explica, estas conductas pueden tener similitudes con el síndrome de abstinencia.

“Los circuitos neurobiológicos que se activan y estimulan cuando permanecemos conectados son los mismos que intervienen en otras formas de adicción, incluida la relacionada con sustancias. Se denominan circuitos dopaminérgicos, y su interrupción repentina puede desencadenar este tipo de reacciones violentas”, sostiene.

El experto señala que muchas veces los chicos se ponen violentos si les sacan el teléfono. Foto ilustración Shutterstock.

Por eso, Pellai considera que la solución no pasa simplemente por sacarles el celular. “Los padres tienen que actuar como puente entre el mundo digital y la realidad”, explica.

El objetivo es que los adolescentes vuelvan a encontrar estímulos y experiencias fuera de las pantallas, por ejemplo haciendo deporte, leyendo o en actividades recreativas como pintura o el dibujo.

“No se les puede dejar en un espacio vacío. Todavía no están preparados para gestionarlo, porque están demasiado acostumbrados a una estimulación constante”, agrega. Durante ese proceso, los padres deben acompañarlos.

Para Pellai, recuperar el contacto con el mundo real es fundamental durante la adolescencia. “Las experiencias concretas de la amistad, la enemistad y el primer amor son las que nos hacen crecer. Son años de entrenamiento para la vida que tendrán por delante”, sostiene.

El especialista también pone el foco en los primeros años de vida y en la importancia de la estimulación. “Las áreas que no reciben suficiente estimulación van perdiendo progresivamente sus funciones”, afirma.

Los padres deben ayudar a que los niños recuperen el contacto con el mundo real. Foto: Martín Bonetto.

Como ejemplo, señala que los chicos en edad preescolar que no leen habitualmente y pasan al menos dos horas al día jugando a videojuegos pueden tener mayores dificultades para aprender a leer y escribir.

Sin embargo, Pellai remarca que el desarrollo cerebral aún tiene margen para modificar estos hábitos. “Afortunadamente, estamos hablando de años en los que el cerebro presenta una gran plasticidad. Por eso, nunca es demasiado tarde para cambiar de rumbo y mejorar”, concluye.

Redacción

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