
En el corazón de la Patagonia hay un ejemplar que se ganó la fama: el Alerce Abuelo, el árbol más viejo de la Argentina y el segundo más longevo del planeta. Con una edad estimada en 2.630 años, supera los 50 metros de altura y muestra un tronco que roza los 2,8 metros de diámetro.
El gigante pertenece a la especie Fitzroya cupressoides y está protegido dentro del Parque Nacional Los Alerces, en Chubut. Los estudios dendrocronológicos lo sitúan como el segundo más antiguo del mundo, sólo por detrás de un Pinus longaeva en Estados Unidos. Su madera es densa y resistente, rasgos que explican su longevidad.
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Cómo llegar hasta el Alerce Abuelo, el árbol más viejo de Argentina
Para conocerlo hay que emprender una excursión que mezcla caminatas y navegación. Se parte desde la pasarela sobre el río Arrayanes, junto al desagüe del Lago Verde, y se avanza a pie hasta Puerto Chucao. Allí se embarca en un catamarán que cruza el angosto lago Menéndez hasta el bosque de alerces, junto al río Cisne.
El Alerce Abuelo se visita con estrictas medidas: el contacto está prohibido y los turistas sólo pueden acercarse hasta un metro. Antes de ingresar se exige un protocolo de desinfección y las salidas son guiadas por guardaparques especializados. Las normas buscan evitar la transmisión de hongos y preservar la frágil microbiota que mantiene vivo al árbol.
Conservación y medidas del árbol
La edad de 2.630 años se comprobó mediante análisis de anillos. Cada ciclo anual deja dos estratos, primavera y otoño, y se recurrió a una perforación controlada para extraer una micro‑varilla que permitió la datación. Esa metodología, habitual en dendrocronología, entregó la evidencia biológica que confirma la antigüedad del ejemplar.
El árbol alcanza los 57 metros de alto y su base mide alrededor de 2,8 metros de diámetro; un tamaño comparable al de un edificio de 18 pisos. Su crecimiento es extraordinariamente lento, apenas un milímetro por año, y su madera rojiza y resistente fue valorada históricamente para techos, viviendas y durmientes de ferrocarril.
El bosque andino que lo cobija registra precipitaciones cercanas a los 4.000 milímetros anuales y crea un microclima ideal para su conservación. Durante sus más de dos milenios compartió escenario con arrayanes, cóndores y huemules. El botánico Miguel Lillo lo dejó documentado hace cien años, lo que impulsó su protección oficial.
El área forma parte del Parque Nacional Los Alerces, declarado patrimonio de la humanidad, y recibe miles de visitantes cada año. Señalización informativa y senderos delimitados explican la historia del sitio y las razones para las restricciones. Así, el Alerce Abuelo continúa siendo un atractivo natural protegido que asombra por su edad y magnitud.



