Amancio Ortega, de 90 años, es uno de los empresarios más exitosos y millonarios del planeta.
En algunas de sus pocas intervenciones públicas, explicó parte de la filosofía de negocios que le permitió crecer tanto.
El español pasó de no tener para comer a ser dueño del grupo textil más grande del mundo.
El pensamiento empresarial de Amancio Ortega
Entre las reflexiones que ha dejado Ortega destaca una frase que resume de manera especialmente clara su forma de entender los negocios y que fue recogida en el libro Por qué unas tiendas venden y otras no, de Luis Lara y Jorge Mas. «Si no hay crecimiento, una compañía se muere. Una empresa tiene que estar viva por la gente que tiene», aseguró el español.
Para Amancio, una empresa que deja de crecer corre el riesgo de estancarse. El crecimiento permite abrir nuevos mercados, tiendas o centros de distribución, aumentar la actividad y mantener la organización en expansión.

Con la segunda parte de la frase, pone el foco en los empleados. Una compañía no debería crecer solo para aumentar sus ganancias, sino que necesita generar actividad y nuevos proyectos que permitan que las personas que trabajan en ella tengan nuevas responsabilidades, oportunidades de desarrollo y posibilidades de ascenso.
En otras palabras, Ortega entiende el crecimiento empresarial como un mecanismo de renovación interna: si la compañía crece, necesita más personas, más puestos y más responsabilidades; si deja de hacerlo, las posibilidades de desarrollo dentro de la organización también se reducen.
Esto encaja bastante con la filosofía de expansión de Inditex: abrir nuevas tiendas, entrar en nuevos mercados y ampliar la estructura del grupo genera oportunidades para que los trabajadores puedan asumir nuevos roles.
De no tener para comer a ser la persona más rica de España: la historia de Amancio Ortega
Amancio Ortega Gaona nació en 1936 en Busdongo de Arbas, una pequeña localidad de no más de 60 habitantes, ubicada en la provincia de León, España.
Pero cuando tenía 3 meses de edad, su familia y él se mudaron a la ciudad de Tolosa, también España, donde el padre, Antonio Ortega, fue jefe de la estación de ferrocarril, y la madre, Josefa Gaona, se desempeñó como ama de casa.
El hoy magnate vivió en Tolosa hasta los 12 años, cuando sus padres se trasladaron nuevamente, esta vez a La Coruña, Galicia, donde Antonio, otra vez, se empleó en el tren. Allí, la familia se instaló en una humilde casa cercana a las vías del tren y Amancio concurrió a la escuela del Sagrado Corazón.
Por aquel tiempo, el pequeño vivió una situación que lo impulsó a incorporarse al mundo laboral. Según ha contado, una tarde acompañó a su madre al almacén para comprar algo para comer. Al llegar al negocio, el dueño le dijo a Josefa que no podía fiarle más, por lo que se volvieron a su casa con las manos vacías.
Así lo relató el propio Ortega a su biógrafa, Covadonga O’Shea: «Una tarde al salir de la escuela fui con mi madre a comprar comida. La tienda en la que entramos tenía un mostrador tan alto que yo no veía quién hablaba con mi madre, pero le escuché algo que jamás he olvidado: ‘Señora Josefa, lo siento mucho, pero ya no le puedo fiar más dinero’. Aquello me dejó destrozado, tenía apenas 12 años».
Por lo vivido, decidió abandonar la escuela y comenzar a trabajar. Primero, lo hizo como repartidor, pero pronto consiguió empleo en una mercería, llamada La Maja, donde también trabajaban dos de sus hermanos mayores.

Durante el periodo en que se desempeñó en el local, Ortega pensaba que podía emprender su propio negocio, sobre todo si ofrecía a los clientes lo que ellos querían y no productos a fuerza de imposición. Asimismo, sabía que en la ciudad había muchas mujeres desempleadas, lo que podría servirle como mano de obra.
Además, en La Maja conoció a Rosalía Mera, con quien pronto se puso de novio, y emprendieron juntos la aventura de crear un negocio personal.
Luego de un tiempo, Ortega dejó de trabajar en la mercería, siempre con la idea de elaborar su propia fábrica. Pero antes de lanzar el proyecto, trabajó en dos tiendas más, esta vez específicamente de ropa, donde adquirió un conocimiento total en la materia.
Finalmente, bajo el formato de cooperativa, Amancio y Rosalía organizaron a un grupo de mujeres y familiares para producir batas acolchadas. En poco tiempo, este emprendimiento tomó forma de empresa y pasó a llamarse GOA (las iniciales de su nombre y apellido en orden inverso).
A pesar del éxito inicial, Ortega no estaba conforme, pues quería tener el control no solo de la fabricación de las prendas, sino también de las ventas al consumidor final.
Por tanto, en 1975, decidió instalar su primera tienda, que se ubicó en el centro de La Coruña y se llamó “Zorba”, en honor a Zorba, el griego, una de sus películas favoritas.
Tiempo después, debido a que un local de café reclamó los derechos del nombre, el empresario cambió la denominación a “Zara”.
Gracias a varios factores, establecidos por el propio Amancio, la compañía logró un impresionante crecimiento. Uno de estos es que, a diferencia de otras textiles, fabrica ediciones limitadas de sus productos, y así genera una sensación de ansiedad en los clientes, quienes se apuran a ir a las tiendas antes de que el nuevo lanzamiento se agote.

A pesar del éxito inicial de Zara, Amancio, nuevamente, no estaba satisfecho. De nuevo, quería controlar otra etapa de la cadena de producción, esta vez la confección de las telas, que hasta entonces la llevaban a cabo sus proveedores.
Con este objetivo, en 1985, el empresario fundó Inditex, una empresa holding que sería la responsable de las plantas de producción textil de Zara y, a la vez, la firma bajo la que se agruparían todas las sociedades de Amancio.
A partir de Inditex, Ortega comenzó a tener intenciones de expandir la marca más allá de las fronteras españolas y, finalmente, en 1988, abrió una tienda en Oporto.
Como el local de Portugal tuvo éxito, la empresa inauguró algunos más en otras partes del mundo, como Nueva York y París. Al ver que con ello le iba cada vez mejor, para la década de los 90 se expandió definitivamente, hasta llegar a tener más de 550 tiendas entre Europa, América, Asia, Oriente Medio y el norte de África.
Actualmente, entre las distintas marcas de Inditex totalizan alrededor de 5500 tiendas distribuidas en el mundo y alrededor de 163.000 empleados. Lo que había empezado como un taller familiar, hoy tiene ingresos por aproximadamente 40.000 millones de euros.
En lo personal, a sus 90 años, Amancio Ortega aún conserva sus costumbres: a menudo recorre los 10 kilómetros que separan su casa de la sede central de Inditex, para conversar con los empleados y aportar ideas.
Respecto a su fortuna, al 14 de septiembre de 2026, la lista de Forbes la ubica en el puesto número 1 de España y en el 11 a nivel mundial, con un valor estimado en 139.300 millones de dólares. Seguro que ahora podría pagarle a aquel almacenero que no le fio más a su madre.

