Presidente Fundación Embajada Abierta, ex Embajador argentino ante ONU, Estados Unidos y Portugal.
La guerra en Medio Oriente puso al mundo en alerta, con un centenar de países tomando medidas extraordinarias para protegerse, cuanto antes, de una crisis energética detrás de la cual asoma el fantasma de una nueva recesión global, de la que América Latina difícilmente podría escapar.
En este contexto, los analistas han destacado una condición que esta vez podría favorecer a la región: convertirse, como una zona del planeta rica en recursos pero sin conflictos entre sus Estados, en un proveedor estable y confiable del petróleo y del gas cuyo comercio quedó estrangulado tras el cierre del Estrecho de Ormuz.
América Latina ya tuvo otras oportunidades semejantes para sacar provecho de sus ventajas comparativas, como ocurrió durante la bonanza exportadora de los años 2000 -que no necesariamente se tradujo en crecimiento y desarrollo sostenido, ni fue distribuida de manera equitativa entre los países- impulsada por la “aspiradora” de materias primas de China.
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Luces y sombras sobre América Latina
Sin embargo, nuestros países enfrentan hoy problemas de índole política que ya se insinuaban hace años, pero que ahora parecen consolidarse como una tendencia riesgosa y difícil de revertir: la polarización y la fragmentación en sociedades cada vez más descontentas y frustradas con las dirigencias de sus democracias.
Perú, que tuvo nueve presidentes en una década y de todas las ideologías, organizó elecciones presidenciales con un nuevo sistema bicameral, pero debió esperar casi un mes para confirmar que la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez habrán de disputar el ballotage del 7 de junio. Como expresión extrema de la fragmentación política, ningún candidato superó el 17% de los votos válidos.
Bolivia: la alianza entre Evo Morales y el actual vicepresidente que pide la renuncia de presidente
Cruzando la frontera, en Bolivia, los años de estabilidad de Evo Morales terminaron abriendo la puerta -por su insistencia en ser reelegido- a una fase de crisis que ahora, tras la elección en segunda vuelta del derechista Rodrigo Paz, derivó en una ola de protestas sindicales y campesinas por la magnitud del ajuste fiscal.
Estos dos casos forman parte de un panorama regional marcado por la polarización y la fragmentación, cuando aún restan las elecciones presidenciales de Colombia (31 de mayo) y Brasil (4 de octubre). Todo ello debería llamar la atención sobre el riesgo de que una región rica en recursos, pero políticamente inestable, se vuelva más vulnerable a la hora de reclamar un lugar en la cadena económica global y de pensar su desarrollo con autonomía.

