Imagínense a Christof Loy, ese hombre de teatro que ha traído al mundo de la ópera una sensibilidad máxima. Imagínenlo educando a Xabier Anduaga en lo actoral para, finalmente, convertirlo en mucho más que una bella voz. El cantante vasco, ese diamante en bruto de la lírica peninsular –y ya mundial–, dejó vislumbrar anoche en el Liceu un alma profunda y quien sabe si abisal en el papel de Werther, ese joven atribulado de la novela de Goethe (1774) que un siglo después adaptó Jules Massenet en una pasional ópera en cuatro actos.
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