Las ruinas de la Alemania perdedora de la Segunda Guerra Mundial —las físicas y las emocionales— fueron el parque infantil donde creció Anselm Kiefer (Donaueschingen 1945), y sobre esa destrucción y los silencios morales que la acompañaron levantó un lenguaje artístico propio, innegociable, que a lo largo de seis décadas ha dialogado con varias corrientes estéticas sin apuntarse del todo a ninguna. Su obra, memorialística —casi arqueológica—, intelectual, densa, matérica, llega ahora al Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH), donde ocupará seis salas hasta el 25 de octubre. Es la primera exposición temporal que presenta la institución valenciana.
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