Aquel doloroso cierre del gran diario El Territorio

La dolorosa desaparición de este periódico impreso dejó en la calle y sin sustento a más de cien trabajadores y sus respectivas familias. Durante más de setenta años, además de ser un medio de comunicación, había sido también escuela formadora de notables periodistas cuyas plumas dejaron huellas en la sociedad chaqueña.

Fue una casa que, día tras día, también iba escribiendo sus propias historias, algunas de ellas muy traumáticas. Pasaré a recordar parte de esos episodios que, en días calientes para el país, lo tuvieron por protagonista. Por ejemplo, la del 6 de septiembre de 1930. Ese día, un golpe militar derrumbó el gobierno de Hipólito Yrigoyen, iniciador de la justicia social en la Argentina.

La tarde del mismo día de dicho atentado contra la democracia (en el cual, dicho sea de paso, participó el entonces capitán Perón), El Territorio lanzó una edición especial.

Los lectores leyeron este mensaje al pueblo: «Se convoca a la ciudadanía del Chaco a defender con las armas al presidente legal de la República, doctor Hipólito Yrigoyen». El autor de la convocatoria era su propietario y director, Ernesto Zamudio, insobornable yrigoyenista que el 21 de febrero de 1919 había dado vida al diario. Obviamente, el periódico fue clausurado ese mismo día.

Defensor de todo lo bueno

Años después, Zamudio se vio obligado a vender a la fuerza y por la fuerza su periódico al gobierno peronista. Hasta entonces, había sido un implacable defensor de la institucionalidad, de la democracia, de la justicia bien entendida, de la provincialización del Territorio Nacional del Chaco y de todo lo que fuese bueno y positivo para la región.

Esas misiones, que él cumplió fielmente y a carta cabal a través de las hojas de su diario le acarreó sinsabores como la cárcel y ser víctima de una emboscada tendida por sicarios del gobernador Centeno, el de la triste fama por la masacre de Napalpí. De esa emboscada escapó milagrosamente. Se ocultó durante casi dos años en el campo de un amigo. En otra oportunidad, escapó por la ventana de su casa cuando la Policía de nuevo vino a buscarlo.

El 13 de octubre de 1954, días antes de la obligada venta de su diario al peronismo, Ernesto Zamudio escribió un artículo en el cual se vanaglorió de una de sus virtudes: «En todos los ya largos años de vida de El Territorio, sus editores responsables no merodearon jamás por los despachos de ningún gobernador».

En esa misma nota, recordó algunas de las graves vicisitudes que debió atravesar el periódico, entre ellas esta, sucedida en tiempos del gobernador Castells:

«Recuerdo con dramatismo a aquel gobernante que clausuró por un mes El Territorio y encarceló a su director por cuarenta días, durante las elecciones de 1938. Bandas armadas custodiadas por policías recorrían la ciudad asaltando comités opositores, baleando los locales y estropeando a los que encontraban en ellos».

Dichas bandas armadas también llegaron a la sede de su diario, hecho sobre el cual escribió:

«Dos camiones cargados con unos veinticinco valientes en cada camión, ostentando armas largas y cortas y respaldados por la policía, pararon frente al edificio de El Territorio, y aullando denuestos de toda clase pusieron pie en tierra. Pero divisaron que, desde un zaguán, un ventanal y el mostrador, los encañonaban también a ellos con armas largas y cortas. No esperaron más: como autómatas disciplinados volvieron a los camiones y silenciosamente se fueron».

Dieciséis años después del golpe de 1930, aquel oscuro capitán Perón llegó a ser presidente de la Nación y fue apoderándose, por las buenas o por las malas, de cuanto medio de difusión había en el país.

A medida que pasaban los años, iba incautando diarios, revistas, agencias de noticias y radios.

En Resistencia, ya había caído en manos de esa dictadura la emisora LT5 Radio Chaco. Solo faltaba El Territorio, al que el gobierno acusaba de ser «demasiado oligarquizado». Hasta que también cayó. El 19 de octubre de 1954, la Editorial Presidente Perón pagó $1.486.231 para quedarse con él, y la CGT nacional en pleno vino a hacerse cargo de la empresa.

«Nueva tribuna peronista»

A las 18.30 del 23 de diciembre de 1954, una gran multitud que vivaba constantemente los nombres de Perón y Eva Perón se concentró frente al diario.

En el palco, se ubicaron las máximas autoridades de la CGT nacional encabezadas por el secretario general Eduardo Vuletich, y también las máximas autoridades provinciales encabezadas por el gobernador Felipe Gallardo. Estaban también todos los integrantes del directorio de Editorial Presidente Perón Sociedad Anónima (Eppsa), con su director Raúl Andrés Aguirre al frente.

Hablaron Vuletich y también hubo un discurso de Gallardo, quien tres meses antes, en el marco de otra multitudinaria concentración realizada en el Parque Presidente Perón, había lanzado una desafortunada pero muy cierta expresión: «No somos gobernadores, somos simples ejecutores de la voluntad del general Perón».

Al día siguiente, 24 de diciembre, el diario anunció a sus lectores: «La Doctrina Nacional y Peronista será de hoy en adelante la doctrina que sustentará El Territorio. Los objetivos de Perón son los nuestros, y como Perón es nuestro único líder, declaramos sin vuelta de hoja que somos soldados incondicionales de su causa».

Así terminó una época, y comenzó otra. El Territorio nunca más fue igual, porque perdió para siempre su tradicional espíritu inquisitivo y su ardor combativo. Pasó a ser un mero boletín oficial de ese gobierno y de todos los que después vinieron, hasta su cierre definitivo.

Hoy, sus antiguas instalaciones albergan el Museo de Medios de Comunicación de la provincia y el Archivo Histórico de la provincia, respectivamente.

Redacción

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