Tras el doble terremoto registrado en Venezuela a fines de junio, Sergio Nicolás Marini, integrante de la Brigada Especial Federal de Rescate dentro de la Superintendencia de Bomberos y Protección de Riesgo de la Policía Federal, fue convocado para formar parte del equipo que viajó a brindar asistencia a la población venezolana. En diálogo con El1, calificó su experiencia como “bastante dura” tanto por el impacto psicológico como los riesgos físicos implicados.
Entre las 45 personas del grupo, Marini fue el único oriundo del partido de La Matanza. Su participación fue en el marco de su rol como jefe de operaciones de la brigada USAR-ARC-12, que forma parte del programa de asistencia humanitaria Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAC) de la ONU.
En cuanto a lo vivido durante su labor en Venezuela, aseguró que “encontrarse personas bajo los escombros, ya sin vida, mientras familiares desesperados están ahí pidiendo ayuda es algo ante lo que psicológicamente hay que tener bastante templanza y trabajarlo”. Los equipos trabajaron durante días con una gran complejidad debido a las altas temperaturas, la alerta permanente por nuevos derrumbes y los riesgos de contaminación por materiales peligrosos.
Ante los desafíos con los cuales se encontraron, el brigadista destacó que el equipo contaba con un psicólogo para acompañar el proceso y con profesionales especializados en materiales peligrosos. Por otro lado, puso en valor la cooperación entre naciones: “Siempre hay que recibir la ayuda humanitaria internacional, no hay que buscar algo detrás. Mucha gente se está preparando, como nosotros, para ayudar al prójimo”.

El valor de la cooperación y la ayuda
Marini explicó que la tarea diaria de la brigada local es “como la de un cuartel de bomberos que debe intervenir por emergencias urbanas, pero frente a una colaboración internacional de ayuda humanitaria para búsqueda y rescate de personas que están desaparecidas o bajo los escombros por un terremoto”.
Para el rescatista matancero, su tarea profesional tiene una carga emocional vinculada con el valor de acompañar a las personas “desde el lugar que se puede”. En este sentido, expresó: «Siento algo reconfortante cada vez que rescatamos personas vivas, pero sabemos que no es fácil. Sentimos un gran compromiso y satisfacción cuando concretamos nuestra misión”.
Por otro lado, compartió una vivencia en la cual una persona a la que asistida por él en Venezuela comenzó a “disociar” de la situación y preguntarle cosas sobre el Mundial. “Me había dicho que el hijo que había enterrado era fanático de Messi y me mostró una imagen del cajón con una camiseta de Messi… Esas cosas son muy fuertes: ¿quién te prepara para contener a una persona que se encuentra en esa situación?”, ejemplificó.
Por último, el brigadista reflexionó con respecto a la necesidad de tomar conciencia sobre la importancia de la preparación ante posibles catástrofes naturales y la relevancia de la colaboración entre países más allá de la cuestión política. “Estas cosas nunca se tienen en cuenta, pero pueden suceder”, destacó.



