El viaje exprés de siete horas de coche de ida y no se sabe cuántas de vuelta que hizo Luís desde Lisboa a Galicia para ver el eclipse en su totalidad acabó en “un milagro”, muy gallego, de cielos pintados de nubes. Camino de A Coruña, un primo le avisó de que en Lugo lucía el cielo azul y existe un algo ignoto mirador sin par, de diecisiete siglos de antigüedad.
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