Perú vuelve a vivir una jornada electoral no apta para cardíacos. En una segunda vuelta ultra polarizada para definir quién gobernará el país en el período 2026-2031, los candidatos Keiko Fujimori (fuerza de derecha) y Roberto Sánchez (izquierda) se encuentran en un escenario de empate técnico absoluto.
Aunque los primeros datos oficiales le otorgan una luz de ventaja a Fujimori debido a la velocidad de carga de las mesas de Lima y los principales centros urbanos, las principales consultoras y los datos del conteo rápido ya anticipan una leve ventaja para Sánchez (alrededor de un 50,3% contra un 49,7%). Esto se debe a que las zonas rurales y las provincias más alejadas —históricos bastiones de la izquierda— son siempre las últimas en computarse.
Este balotaje representa la cuarta oportunidad en la que la hija del exdictador Alberto Fujimori intenta llegar a la presidencia, habiendo perdido las últimas citas electorales por márgenes mínimos de apenas 40.000 votos. Por el lado de Sánchez, la campaña estuvo marcada por la promesa de afianzar la democracia en un país golpeado por una fuerte crisis de gobernabilidad.
Con más de 27 millones de peruanos convocados a las urnas, el recuento definitivo promete estirarse durante varios días. En una década de extrema inestabilidad política que ya lleva ocho presidentes destituidos o reemplazados, Perú aguarda con respiración contenida para saber quién ocupará finalmente el Palacio de Gobierno.

