Una investigación realizada en Australia sobre el consumo de alimentos ultraprocesados evaluó qué efectos tiene en el rendimiento cognitivo y los índices de riesgo de demencia. La bioquímica nutricional Barbara Rita Cardoso, autora principal del estudio, se dedica a estudiar la composición de dietas que promuevan el envejecimiento saludable.
Junto a un grupo de científicos australianos de la Universidad de Monash, Cardoso lideró el estudio publicado en la revista científica Alzheimer’s & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring.
«Los alimentos ultraprocesados (AUP) se asocian con más de 30 efectos adversos para la salud, incluyendo varios factores de riesgo de demencia, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y obesidad», indicaron en la introducción del artículo.

Contaron con la participación de 2.192 adultos australianos sin diagnósticos de demencia, de entre 40 y 70 años. Los participantes completaron diarios de alimentación sobre sus hábitos durante un año y se sometieron a pruebas de funciones cognitivas de capacidad de atención y velocidad de procesamiento de la información.
También proporcionaron datos demográficos, su grado de actividad física y otros detalles sobre su salud, lo que permitió a los investigadores calcular el riesgo de demencia y predecir la probabilidad de un diagnóstico en un plazo máximo de 20 años.
«Si bien un estudio observacional como este no puede determinar si existe alguna relación causal entre los alimentos ultraprocesados y la salud cerebral, sí reveló patrones entre ambos que deben investigarse más a fondo», indicó Cardoso.
«Nuestro estudio demostró que el consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con una menor capacidad de atención y un mayor riesgo de demencia en adultos de mediana edad y mayores», afirmó la investigadora.
Un 10% de aumento de consumo de alimentos ultraprocesados tiene efectos en la salud
La doctora Cardoso, nacida en Brasil, actualmente reside en Australia. Tiene experiencia internacional adquirida en proyectos de investigación en Brasil y España, que combinan sus conocimientos en nutrición, ensayos clínicos, química analítica y biología molecular para desentrañar sus implicaciones en el deterioro cognitivo asociado a la edad y la enfermedad de Alzheimer.
«Un aumento diario de un 10% en la ingesta de alimentos ultraprocesados -equivalente a una pequeña bolsa de papas fritas procesadas por día- se asoció con 0,05 puntos de disminución de la atención y un aumento de 0,24 puntos de riesgo de demencia, independientemente de la adherencia a la célebre dieta mediterránea«, detalló la experta.

Ese aumento detectado de 0,24 puntos toma como referencia una escala de riesgo que va de 0 a 7. Un mayor consumo de alimentos ultraprocesados se relacionó directamente con una disminución de la atención visual y la velocidad de procesamiento mental, habilidades fundamentales para el aprendizaje, el razonamiento y la resolución de problemas.
Los autores advirtieron que hábitos aparentemente comunes pueden aumentar rápidamente este consumo, como comer panqueques de harinas procesadas para el desayuno, papas fritas para el almuerzo y galletas envasadas como tentempié durante el día.
El riesgo de desarrollar a futuro algún tipo de deterioro cognitivo persistió incluso en los participantes que seguían patrones dietéticos considerados beneficiosos, como la ya mencionada dieta mediterránea, que prioriza los alimentos integrales y sin procesar, asociada a una reducción del riesgo cardiovascular y neurodegenerativo.

«Esto sugiere que el problema puede estar relacionado con el alto nivel de procesamiento industrial de los alimentos», señaló Cardoso. En otras palabras, los resultados sugieren que las dietas saludables no anulan en sí mismas el impacto de los alimentos ultraprocesados.
Sin embargo, los investigadores aclararon que el estudio identificó una asociación estadística y no una relación directa de causa y efecto, por lo que las conclusiones requieren de más investigación.
Los alimentos ultraprocesados y el cerebro
Los alimentos ultraprocesados suelen contener pocos ingredientes naturales. Generalmente se elaboran a partir de sustancias extraídas de los alimentos o sintetizadas con la adición de colorantes, saborizantes, emulsionantes y grandes cantidades de azúcar, grasa y sal.
Estudios previos ya demostraron efectos y alteraciones en el sistema endocrino, la microbiota intestinal y factores cardiovasculares vinculados a la demencia, como la hipertensión, la obesidad, la diabetes y el colesterol alto.
Una revisión publicada en febrero de 2024, que recopiló datos de 10 millones de personas en 45 estudios, indicó que un aumento del 10% en el consumo de estos productos estaba relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad, trastornos del sueño y depresión.

El neurólogo W. Taylor Kimberly, de la Facultad de Medicina de Harvard, que no participó en la investigación, describió este nuevo estudio de sus colegas australianos como «una prueba más de los efectos negativos de los alimentos ultraprocesados en la salud cerebral».
«Sin nutrientes para el correcto funcionamiento del cerebro y del cuerpo, habrá un peor rendimiento cognitivo», indicó Kimberly, que publicó una investigación similar en enero último.
Las cifras aportadas en su estudio son compatibles con los hallazgos recientes. «El aumento del 10% en el consumo de estos alimentos se relacionó con un riesgo un 16% mayor de deterioro cognitivo, incluso en personas que mantenían una dieta predominantemente basada en plantas», detalló el neurólogo.
En ambas investigaciones se estipuló que reducir el consumo de alimentos ultraprocesados puede aportar beneficios a largo plazo. Sustituirlos por alimentos mínimamente procesados durante un periodo de cinco a seis años se asoció con una reducción del 12% en el riesgo de deterioro cognitivo.
«La mediana edad representa una importante oportunidad para actuar sobre los factores de riesgo modificables antes de que se desarrollen cambios neurológicos compatibles con la demencia», destacó Cardoso.

