Si abren su buscador de referencia y ponen las palabras Barcelona pantalla gigante Mundial, se darán cuenta de hasta qué punto esta ciudad ha invertido tiempo, esfuerzos, debates y reproches en algo tan simple como la retransmisión colectiva y callejera de un partido de fútbol. A 58 días de que empiece la Copa del Mundo con el partido México-Sudáfrica, la ciudad vive su enésimo toma y daca político sobre la cuestión. Una polémica que el concejal de Deportes ha zanjado este martes al confirmar que sí habrá pantalla, aunque solo para ver la final (el 19 de julio) y juegue quien la juegue, quizás porque en la capital catalana ya conviven 182 nacionalidades distintas y el 26% de los residentes nacieron en el extranjero. La ubicación no está todavía decidida, pero la plaza Catalunya ha sido el lugar habitual en las experiencias anteriores.
El concejal del PSC ha respondido a un ruego del PP durante la comisión de Derechos Sociales, Cultura y Deportes que iba mucho más allá. Los conservadores han ido en sintonía con lo que han reclamado desde tiempos inmemoriales: un mimo y un seguimiento especial a la selección española. De hecho, su petición era colocar pantallas gigantes en espacios públicos (todo en plural) para seguir los encuentros de la Roja. Escudé ha enfriado muchos sus pretensiones y ha aprovechado la ocasión para mencionar “la vergüenza nacional” que supusieron los cánticos racistas durante el España-Egipto el 31 de marzo en el estadio de Cornellà-El Prat. “Haremos lo posible para erradicar cualquier muestra de odio o menosprecio”, ha avanzado el responsable de Deportes.
El grupo municipal de ERC, acogiéndose a lo sucedido en el campo del RCD Espanyol, reclamó a principios de abril al gobierno de Jaume Collboni que desista de instalar pantallas gigantes para evitar que se repita una situación similar. Elisenda Alamany, la líder del partido en Barcelona, lo resumió con las siguientes palabras: “No podemos tener imágenes como las de Cornellà en cada partido de la Roja durante el Mundial. Estos hechos no representan quiénes somos. Y no podemos permitir que esa sea la imagen que Barcelona transmita al mundo”. Al final, ni tanto (PP) ni tan poco (ERC).



