Bolivia inició el segundo mes consecutivo de bloqueos con cerca de 100 puntos de corte en rutas nacionales y sin señales de diálogo entre el Gobierno y los sectores movilizados, en un contexto marcado por el desabastecimiento, la escasez de combustibles y el fuerte aumento de precios en los principales centros urbanos.
El conflicto, que comenzó el 1 de mayo con reclamos salariales, escaló rápidamente hacia una crisis política de mayor alcance, con una consigna que hoy unifica a buena parte de las protestas: la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Mientras los sectores en protesta sostienen la presión en las carreteras y en movilizaciones masivas, el Ejecutivo insiste en que las acciones adquirieron un carácter desestabilizador que afecta la institucionalidad democrática del país.
De acuerdo con el último reporte de la Administradora Boliviana de Carreteras, se registraron entre 90 y 91 puntos de bloqueo en siete de los nueve departamentos, con la región de Cochabamba como el principal eje del conflicto por su rol estratégico en la conexión entre el occidente y el oriente boliviano. La situación ya provocó un impacto crítico en el abastecimiento de alimentos, medicamentos y combustibles, con aumentos significativos en productos básicos como carnes, huevos y verduras.
En este escenario, la Central Obrera Boliviana (COB) y otros sectores ratificaron la continuidad de las protestas y descartaron abrir un canal de diálogo con el Gobierno, pese a la suspensión de órdenes de aprehensión contra dirigentes sindicales. “Ahora es tarde para el diálogo”, afirmó uno de los referentes durante las movilizaciones, mientras la organización evalúa la continuidad del plan de lucha.
El presidente Rodrigo Paz, en tanto, llamó a una “reconciliación nacional” y aseguró que busca diferenciar entre las protestas sociales y aquellos grupos que, según el Gobierno, impulsan una estrategia de desestabilización. “Ojalá el sufrimiento en el país se acabe en los próximos días”, sostuvo el mandatario, aunque desde los sectores movilizados insisten en que la única salida posible a la crisis es su renuncia.
La atención política ahora está puesta en la definición de la COB, que deberá resolver si profundiza las medidas de fuerza o habilita algún canal de negociación, en medio de un conflicto que mantiene a gran parte del país paralizado y sin perspectivas inmediatas de resolución.




