La reciente aprobación en Bragado de una ordenanza para reducir los plásticos de un solo uso vuelve a poner el foco en una pregunta inevitable: ¿qué pasa en Nueve de Julio con este tema?

Mientras el distrito vecino impulsa un esquema progresivo para desalentar el uso de sorbetes, vasos y cubiertos descartables, en el ámbito local todavía no existe una normativa integral que apunte en ese mismo sentido. Sin embargo, sí hay antecedentes que muestran cierta preocupación ambiental, aunque en otros frentes.
Uno de los casos más concretos es la ordenanza sancionada en 2014 que limitó el uso de bolsas de polietileno en comercios, promoviendo alternativas reutilizables. Aquella medida significó un primer paso en la reducción de plásticos, pero quedó circunscripta a un único tipo de residuo y no avanzó hacia una política más amplia.
En paralelo, el distrito cuenta con legislación vinculada al uso de agroquímicos, una problemática de fuerte impacto en la región. Esto evidencia que la agenda ambiental existe, aunque no ha incorporado aún con fuerza la cuestión de los residuos urbanos y, en particular, los plásticos descartables.
El contraste con Bragado resulta evidente. Allí, la nueva ordenanza no plantea una prohibición inmediata, sino un proceso de adaptación que busca modificar hábitos de consumo a través de la concientización y la educación ambiental. Además, se enmarca en una preocupación concreta por la saturación del basural y la necesidad de reducir el volumen de residuos.
En Nueve de Julio, el crecimiento sostenido de los desechos y las dificultades estructurales para su tratamiento también forman parte de una discusión que, aunque latente, no ha derivado todavía en medidas específicas sobre plásticos de un solo uso.
El escenario abre una puerta: la experiencia de municipios cercanos podría funcionar como antecedente e impulsar un debate local. La pregunta, por ahora, sigue abierta.



