Carl Cederström, profesor de la Universidad de Estocolmo y especialista en cultura del bienestar y el trabajo: “Vivimos bajo la exigencia de estar sanos, ser felices y mejorar”

Carl Cederström tiene 46 años. Nació -y aún vive- en Estocolmo. Él mismo describe que está «recién casado, que tiene dos hijas de su matrimonio anterior, y que su mujer tiene dos hijos». Es profesor de estudios de la organización de la Universidad de Estocolmo.

«Veo una escalada en la desigualdad de la riqueza y la erosión de principios democráticos. Soy tan espiritual como una tostadora», describe.

En esta nota de La Vanguardia, analiza el auge de la industria del bienestar y revela su «lado b».

Sonría, es obligatorio

Cuando Adidas decidió hacer del running parte de su cultura, correr dejó de ser una afición para convertirse en una obligación para sus empleados; quienes no se sumaron terminaron fuera de la empresa.

Carl Cederström y André Spicer investigan en El síndrome del bienestar (Gatopardo) cómo cuidarnos, estar sanos y ser felices han pasado de deseos a obligaciones: si no lo conseguimos, sentimos que hemos fallado.

La exigencia llega al estado de ánimo. Algunas empresas han creado el cargo de director de felicidad, encargado de conseguir que trabajar parezca divertido y que el entusiasmo forme parte de la cultura corpo­rativa.

Cederström y Spicer muestran el reverso de esa promesa: cuando hasta la felicidad entra en el horario laboral, el bienestar deja de ser algo íntimo y se convierte en otra forma de disciplina.

El síndrome del bienestar, de Carl Cederström y André Spicer. Foto: Web

-¿Víctimas del síndrome del bienestar?

-Sí. Vivimos bajo la exigencia de estar sanos, ser felices y mejorar. Si no, sentimos culpa, ansiedad y la sospecha de no ser lo bastante buenos.

-¿Por qué nos ocurre esto?

-Porque vivimos en un capitalismo muy competitivo que nos exige gestionarnos como empresas: rendir, cuidarnos y superarnos. El bienestar se ha convertido así en una medida de nuestro valor personal.

-¿Y si no cumplimos con las expectativas?

-Aparece el juicio moral: al obeso se le atri­buye falta de voluntad, al fumador, irresponsabilidad y al sedentario, pereza. En el Reino Unido se llegó a plantear que las personas obesas que recibían subsidios pudieran perderlos si no iban al gimnasio.

«Se ha extendido la idea de que el buen empleado debe ser sano, deportista y disciplinado»

-¿Las empresas juzgan el cuerpo?

-Se ha extendido la idea de que el buen empleado debe ser sano, deportista y disciplinado. El caso más extremo es Estados Unidos, pero en Suecia también ocurre con bastante fuerza.

-¿Por ejemplo?

-En Björn Borg los empleados se sometían a pruebas físicas dos veces al año y tenían objetivos corporales.

-¿Qué clase de objetivos?

-Correr una maratón, mejorar marcas… Un trabajador se propuso conseguir abdominales visibles y, cuando lo logró, tuvo que quitarse la camisa ante su jefe para demostrarlo.

-Eso ya es invadir la vida privada.

-Y normaliza la discriminación. No hay pruebas de que correr una maratón te haga mejor trabajador, pero muchos directivos lo creen.

-¿Cómo fomentan ese ideal?

-Con programas de bienestar: ejercicio, pruebas físicas y control de hábitos, que generan más disciplina que productividad. Enseñan al empleado la cultura del rendimiento.

-¿Y quién no entra en ella…?

-Acaba marchándose. Es una selección disfrazada de bienestar.

«Si la felicidad se convierte en norma, estar triste, enfadado o simplemente serio empieza a parecer un defecto»

-¿Controlan qué hacen fuera del trabajo?

-La tecnología permite convertir nuestra vida privada en datos. Medimos sueño, ejercicio o pulsaciones, pero hay empresas que obligan a llevar pulseras que los registran, y aseguradoras que ofrecen mejores condiciones a quienes los comparten.

-¿Le importa a mi jefe si corro el domingo?

-Sí, y ese es el problema: desaparece la frontera entre trabajo y vida privada. Dormir, comer o hacer ejercicio se convierten en información laboral.

-¿Incluso para conseguir trabajo?

-Sí. Algunas empresas han pasado de prohibir fumar a prohibir a los fumadores. Con análisis de orina detectan si un candidato ha fumado en las últimas semanas y lo descartan.

-Usted era fumador cuando empezó a fijarse en todo esto.

-Decidí investigarlo un día que estaba sentado en una parada de autobús, fumando junto a mi perro, y una mujer me gritó que era un irresponsable por fumar delante de él.

-Y no basta con estar sano: hay que estar contento.

-La felicidad también ha entrado en las empresas. Han aparecido directores de felicidad, oficinas convertidas en parques infantiles y actividades destinadas a que trabajar parezca divertido.

-¿Se ha visto alguna vez en esa tesitura?

-Para conseguir mi plaza de profesor tuve que hacer un curso obligatorio de pedagogía. Quince académicos acabamos descalzos, fingiendo que vivíamos en una granja del siglo XIX y ordeñando una vaca imaginaria.

-Da un poco de miedo.

-Forma parte de esa cultura de diversión obligatoria. Si la felicidad se convierte en norma, estar triste, enfadado o simplemente serio empieza a parecer un defecto.

-¿El trabajador feliz produce más?

-Décadas de estudios sobre satisfacción y productividad han dado resultados poco concluyentes. En una cadena británica, las tiendas con empleados menos satisfechos eran las más rentables. Otros estudios muestran que las personas enfadadas negocian mejor y detectan mejor un engaño.

-Dicen que buscar obsesivamente la felicidad nos aleja de ella.

-Y nunca hay límite: siempre podemos ser más felices, estar más sanos, más en forma, ser mejores padres, amigos o parejas. Hemos convertido la vida en un proyecto de mejora muy ensimismado.

-¿Quién gana con eso?

-Una enorme industria del bienestar.

Hoy se vive bajo la exigencia de estar sanos, ser felices y mejorar. Foto: Shutterstock

-¿Quién parte con ventaja?

-Quien tiene tiempo y dinero. La salud está muy relacionada con la clase social, pero tendemos a convertir ese privilegio en mérito. Lo social acaba pareciendo un fallo personal.

-¿La obsesión por el bienestar individual nos aleja del colectivo?

-Es uno de sus grandes riesgos. Practicar mindfulness puede venirte muy bien, pero además de cerrar los ojos de vez en cuando hay que abrirlos y mirar alrededor.

Ima Sanchís, La Vanguardia

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

Lomas de Zamora: denuncian que alumnos usaron IA para crear fotos de compañeras desnudas y venderlas en sitios para adultos

Un grupo de padres y estudiantes del Colegio Modelo de Lomas realizaron una protesta enfrente del establecimiento tras denunciar...

«La Toretto de La Plata» pidió salir a trabajar en un estudio jurídico para pagar su carrera de abogada en una universidad privada

A menos de un mes del inicio del juicio en su contra, Felicitas Alvite (23), conocida como "La Toretto...

Aumentaron las multas camineras en Córdoba y las sanciones máximas ya superan los 4 millones de pesos

Las multas de la Policía Caminera en Córdoba volvieron a aumentar tras la actualización del valor de referencia del...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí