En España ya conviven casi siete millones de perros con las familias, según el Estudio de Censos 2025 de ANFAAC y Veterindustria. Y cada vez los consideramos más parte de la familia. También cuando cumplen años y dejan atrás la etapa de cachorro y de perro joven.
Pero aquí aparece una duda bastante habitual: ¿qué hacemos cuando nuestro perro empieza a hacerse mayor? ¿Le dejamos descansar más? ¿Reducimos los paseos? ¿Es mejor que corra menos para no forzar las articulaciones?
El veterinario y divulgador Carlos Rodríguez, conocido por su labor en medios y por el programa «Como el perro y el gato», pone el foco precisamente en esta cuestión. Y su respuesta desmonta una idea muy extendida: hacerse mayor no significa dejar de moverse.
A partir de los siete años cambia el ritmo, no la necesidad de ejercicio
Rodríguez sitúa aproximadamente entre los 7 y los 8 años el comienzo de la etapa senior en muchos perros, aunque la edad real depende mucho del tamaño, la raza y las características individuales del animal.
En resumidas cuentas, hay que adaptar el ejercicio, pero no eliminarlo. “Si les dejamos que cada vez hagan menos y menos, veremos que cada vez tienen menos capacidad”, explica. “Si te duele la rodilla, tienes que seguir ejercitando la articulación para que no se atrofie totalmente”, pone como ejemplo.

Las recomendaciones veterinarias actuales apuntan en la misma dirección. El Manual de Veterinaria de MSD señala que, en perros con artrosis, el ejercicio diario de intensidad leve o moderada puede ayudar a mantener la movilidad, mientras que el ejercicio excesivo puede empeorar el dolor.
Por eso, un perro mayor no necesita necesariamente paseos más cortos. Necesita paseos adaptados a sus capacidades. Es decir, menos velocidad, menos tirones y nada de exigirle lo mismo que cuando tenía tres años.
El enemigo silencioso está en el comedero
El peso es otro aspecto que Rodríguez considera fundamental. Con los años, muchos perros pierden masa muscular y reducen su gasto energético, lo que facilita que acumulen grasa. Y esos kilos extra no son simplemente una cuestión estética. La obesidad está relacionada con problemas articulares, menor tolerancia al ejercicio y peor calidad de vida.
De hecho, el Manual de Veterinaria de MSD considera la optimización del peso uno de los principales métodos preventivos para retrasar la aparición de la artrosis en perros.
Rodríguez explica que uno de los métodos más simples y efectivos es pasar la mano por el costado del animal. Si cuesta notar sus costillas sin presionar, puede existir un exceso de peso y conviene consultar con el veterinario.

No se trata de poner al perro a dieta por nuestra cuenta. La cantidad y el tipo de alimento deben ajustarse a su edad, tamaño, actividad y estado de salud.
El pelo también puede dar pistas
Rodríguez explica que “el pelo y la piel son los primeros órganos que deciden dejar sin recursos cuando hay poca vitalidad o se come mal”. Por eso, una caída excesiva del pelo o cambios llamativos en la piel no deberían atribuirse automáticamente a la edad.
También las callosidades en los codos son frecuentes en perros mayores, especialmente por el contacto repetido con superficies duras. No siempre significan que exista una enfermedad, pero cualquier cambio persistente merece ser valorado.
Y es que la medicina veterinaria insiste cada vez más en detectar pronto los problemas de movilidad. Las guías de la American Animal Hospital Association recomiendan vigilar peso, musculatura y movilidad en los animales senior y ajustar tanto la alimentación como la actividad cuando sea necesario.
Un perro mayor no es un perro que ya no puede hacer nada
La artrosis, además, puede pasar desapercibida. Un estudio reciente recogido por la AAHA en 2026 destaca precisamente que esta enfermedad está infradiagnosticada en perros y que detectar antes los problemas permitiría mejorar el manejo del dolor y preservar la calidad de vida.

Por eso, hay que tener claro que envejecer no significa parar. Significa observar más. Adaptar los paseos. Controlar el peso. Revisar la alimentación. Y acudir al veterinario cuando aparecen cambios.
Marc Mestres, La Vanguardia

