Cómo funciona la impresora
La máquina utilizada por Grondplek mide aproximadamente 11 metros por 11 metros y alcanza unos 7 metros de altura. Funciona conectada a una planta mezcladora compacta, una bomba y una manguera especial que alimenta el cabezal de impresión.
La estructura se construye por capas mediante una mezcla cementicia que incorpora apenas un 2% de aditivos especiales. Salvatto resumió: “Es hormigón, nada muy místico”.
Los materiales incluyen plastificantes, acelerantes y fibras que permiten regular tiempos de fraguado, resistencia y velocidad de impresión según las condiciones climáticas o las necesidades de cada proyecto.
La impresora deposita solamente el material necesario en cada etapa, lo que reduce desperdicios y mejora la eficiencia de obra.
“Hoy no existen viviendas terminadas en el país con este sistema, pero nuestros análisis muestran ahorros de hasta 30% en costos y cerca de 35% en tiempos de obra gris”, detalló Salvatto.
Para comenzar la construcción, el terreno necesita pocas condiciones específicas. El emprendedor explicó: “Debe estar nivelado y compactado. En algunos proyectos también requiere fundaciones según el diseño”.
Aunque muchas veces se habla de “casas impresas”, la tecnología no entrega una vivienda terminada. La máquina realiza principalmente la llamada obra gris: paredes, estructura, escaleras, canteros y algunos elementos fijos.
Después aparecen instalaciones, revestimientos, pintura, carpinterías y terminaciones, tareas que todavía dependen de métodos tradicionales.
“Nosotros hablamos de obra gris plus porque ciertas instalaciones pueden incorporarse durante la impresión”, precisó Salvatto.
Menos tiempo y menor desperdicio
Uno de los principales atractivos del sistema pasa por la velocidad de ejecución. Según distintos especialistas, una vivienda tradicional puede demandar entre uno y dos años según escala, ubicación y complejidad. Con impresión 3D, gran parte de la estructura queda resuelta en pocos días.
Mateo Salvatto

Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, impulsa en la Argentina la construcción de viviendas mediante impresoras 3D de hormigón
La arquitecta Myriam Heredia, especialista en nuevas tecnologías aplicadas a la construcción, sostuvo que el impacto también aparece en el uso de materiales y en la sustentabilidad: “La optimización de recursos y la reducción de desperdicios permiten abaratar costos y disminuir el impacto ambiental”.
La especialista remarcó además que el sistema reduce emisiones vinculadas al transporte y al uso intensivo de materiales propios de una obra convencional.
Las viviendas impresas en 3D utilizan diseños curvos y superficies continuas que mejoran el aislamiento térmico y la eficiencia energética. “Las formas onduladas permiten aprovechar mejor el espacio y generar construcciones más eficientes”, agregó Heredia.
El sistema también elimina gran parte de los encofrados tradicionales utilizados en la construcción convencional.
Desde el sector de la construcción destacaron que la automatización permite trabajar con menor intervención manual y extender horarios de producción. Precisaron: “La impresión 3D reduce desperdicios, elimina muchos procesos intermedios y permite trabajar con una velocidad muy superior”.
Según datos del sector, una vivienda tradicional suele ubicarse entre u$s1.500 y u$s2.200 por m2 dependiendo del nivel constructivo y la ubicación. En impresión 3D, algunos desarrollos internacionales logran costos estimados de entre u$s1.100 y u$s1.700 por m2, aunque todavía deben sumarse terminaciones e instalaciones finales.
El desafío argentino
Más allá del avance tecnológico, la implementación masiva todavía enfrenta desafíos importantes en la Argentina. El primero aparece en el costo inicial de las impresoras. Una máquina para construcción de viviendas puede arrancar en torno a u$s200.000 y actualmente debe importarse.
Casas Impresas en 3D Propiedades

Los microhormigones incorporan fibras, polímeros y aditivos que permiten ajustar resistencia, velocidad de impresión y tiempos de fraguado
Grondplek
Además, el modelo necesita escala para resultar rentable. “Una sola máquina tiene sentido para proyectos de entre 4.000 y 8.000 m2 por año”, explicó Salvatto.
En ingeniería civil, el rango eficiente ronda entre 1.500 y 3.000 metros cúbicos de impresión anual. También aparecen desafíos regulatorios, capacitación técnica y adaptación cultural dentro del sector. Heredia analizó: “La adopción depende de incentivos privados, regulación y formación profesional”.
La arquitecta considera que la expansión masiva podría darse dentro de un período de entre cinco y diez años, especialmente en zonas con fuerte déficit habitacional y disponibilidad de tierra.
Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe aparecen entre las regiones con mejores condiciones para desarrollar este tipo de proyectos.
Casas Impresas en 3D Propiedades

Las casas impresas en 3D utilizan diseños curvos y superficies continuas que mejoran el aislamiento térmico y la eficiencia energética
Pexels
También surgen oportunidades en áreas climáticamente extremas. “La rapidez de ejecución puede resultar muy útil en zonas áridas o frías donde la construcción tradicional presenta más dificultades”, explicó Heredia.
Más allá de las viviendas
La impresión 3D de hormigón no se limita solamente a casas particulares. El sistema también puede utilizarse para infraestructura urbana, premoldeados, minería, módulos corporativos y desarrollos industriales. Salvatto describió: “Es una fábrica portátil de premoldeados. La llevás al terreno, la nivelás y empieza a imprimir”.
Actualmente, la tecnología permite construir edificios de hasta tres plantas, aunque ya existen desarrollos internacionales capaces de trabajar en serie sobre varios lotes consecutivos.
El sistema tampoco elimina la mano de obra humana. “La supervisión, operación, terminaciones e instalaciones todavía necesitan personas”, aclaró Salvatto.
En ese punto, especialistas consideran que la transformación no pasa por reemplazar trabajadores sino por modificar procesos y reducir tareas pesadas o repetitivas.
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Vista de una cocina y comedor de una casa impresa en 3D. Asi luce una propiedad ubicada en España
Guillermo Tella, arquitecto y doctor en Urbanismo, consideró que la tecnología puede convertirse en una herramienta importante frente al déficit habitacional argentino, estimado en 3,5 millones de viviendas.
“El problema no se resuelve solamente con construir más. También requiere repensar cómo se construye”, sostuvo Tella.
La impresión 3D aplicada a viviendas todavía genera dudas y desafíos, pero el avance tecnológico empieza a cambiar lentamente el paradigma de la construcción tradicional.
Heredia concluyó: “La industrialización de la construcción ya dejó de ser una posibilidad lejana. El desafío ahora pasa por adaptar escalas, regulaciones y capacitación para que esta tecnología realmente pueda crecer en la Argentina”.

