“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais” es una frase que se atribuye a Roy Batty, el líder de los replicantes de Blade Runner. Pero existe una autoría mucho más contemporánea y cercana: la de los técnicos de movilidad y gestión del tráfico locales cuando regresan de un viaje a un país en el que ya hay carreteras inteligentes y conducción autónoma. Se frotan los ojos antes los camiones que van solos desde Dallas hasta Houston (370 kilómetros), los taxis sin conductor de la ciudad china de Shenzhen, o la autopista A-9 de Alemania, con sensores climáticos e información en tiempo real. A todo ello aspira ahora el Govern, que este martes ha presentado un programa de carreteras conectadas e inteligentes a cuatro años vista. Nace con un handicap: solo el 5% del parque de vehículos está preparado para convivir y sacar partido de esta tecnología.
El Departament de Territori ha dibujado una malla de 930 kilómetros que abarca buena parte de las arterias que están bajo su control, como la C-32, la C-16, la C-17, la C-25 o la C-35. Queda fuera, sin embargo, la AP-7, propiedad del Estado, que tiene su propio plan, liderado por el Servei Català de Trànsit, que comentaremos más adelante. La inversión prevista hasta el 2030 es de 66,3 millones de euros, y además de esos casi mil kilómetros conectados, también se creará un gemelo digital de la movilidad metropolitana con el que poder hacer simulaciones con datos reales que permitan mejorar la gestión del tráfico y reducir la siniestralidad.
Presupuesto
Territori prevé una inversión de 66 millones hasta el 2030 que incluye la creación de un gemelo digital para el entorno metropolitano de Barcelona
La C-32 sur lleva ya un año aplicando este ingenio de la mano del Future Road Lab, el laboratorio de movilidad de Abertis, que tiene adjudicado esta tramo de la autopista, y sus dos peajes, a través de su empresa Autopistas hasta el año 2039. Este mismo año se saltará a otros dos tramos de esta misma vía y de la C-31 en la entrada sur de Barcelona. Serán 19 kilómetros en los que se instalarán 16 dispositivos de comunicación inalámbrica RSU que crearán una suerte de red wifi que permitirá monitorizar los vehículos que dispongan de la tecnología receptora (ese, por ahora, residual 5% de la flota) y mandarles directamente a sus pantallas mensajes sobre el estado de la vía.

Puede ser una alerta meteorológica, la presencia de fauna en el asfalto, un siniestro que corta un par de carriles, unas obras o consejos sobre vías alternativas antes de llegar a una zona atascada. Según Territori, los aparatos -está por ver cómo se conectarán a la red eléctrica o si serán autosuficientes- necesitan cuatro meses y medio para ser instalados. Y a partir de ahí, poco a poco, millón a millón de euros hasta cubrir los 930 kilómetros previstos. Según el Govern, esta tecnología permite preparar el terreno par la conducción autónoma, algo que en España todavía no está permitido. De cinco niveles posibles, aquí todavía impera el segundo, de asistencia al conductor pero sin transferencia real de responsabilidad.
El director de la DGT, Pere Navarro, explicó a mediados de junio que ya se está trabajando en la modificación de la Ley de Seguridad Vial para incorporar una regulación específica sobre circulación y registro de vehículos totalmente automatizados. Como con todo lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías, la cosa está avanzando muy deprisa: se han concedido 16 autorizaciones de dos años a compañías -como Tesla o Google- para que hagan pruebas de vehículos autónomos con conductor. Nada, de hecho, que no esté sucediendo en el resto de países europeos como Francia, Alemania, Dinamarca o Reino Unido.
Mientras el Govern apuesta por estas antenas, desde Trànsit, con Ramon Lamiel al frente, la jugada pasa por una aplicación móvil que avisará a los conductores sobre incidencias a través de mensajes de voz. La ‘app’ no tiene nombre pero la idea es usarla para la AP-7 y el eje pireanaico (N-260). A diferencia de la autopista conectada, los mensajes a través del teléfono son mucho más universales, aunque tienen el inconveniente de tener que descargar la aplicación, darse de alta y tenerla activada. Además de la ‘app’, que podría estar operativa en otoño, Trànsit desplegará más paneles informativos, sobre todo en posibles vías de escapa cuando más adelante hay un problema en la vía.
A nadie se le escapa que llenar las carreteras catalanas de sensores podria ser la antesala del nuevo peaje por distancia recorrida, ya que esta tecnología permitiría reconocer los vehículos e incluso cobrar por el tipo de motor (gasolina, diésel, híbrido, 100% eléctrico…). También, aunque no está previsto por ahora, se podrían utilizar como radar de tramo, puesto que también se dispondría de la geolocalización gracias al paso por las diferentes antenas.



