El Tribunal Oral Federal Nº 2 de San Martín condenó a 24 años de prisión a Eva Petrona Pereyra, conocida como la “Tía Eva”, por haber encabezado el Templo Filadelfia y ser responsable de una asociación ilícita que sometió a personas a trata con fines de explotación laboral y reducción a la servidumbre.
Según informaron fuentes judiciales, además, otras 26 personas fueron condenadas. El veredicto fue dictado el pasado lunes. La “Tía Eva” había sido detenida el 17 de mayo de 2019 y, con el correr de la investigación, fue alojada en el Complejo Penitenciario Federal IV de Ezeiza.
Durante el juicio quedó acreditado que era la jefa de una asociación ilícita, coautora de reducción a la servidumbre y trata de personas con fines de explotación laboral agravada y partícipe necesaria de la supresión de identidad, sustracción y retención de un menor y falsedad ideológica de documento público.
El tribunal fijó el próximo 18 de noviembre a las 13.30 para leer los fundamentos del fallo y explicar cómo atribuyó las distintas responsabilidades penales de los sindicados. Además, pormenorizar cómo valoró la prueba producida durante el debate.

El tribunal fijó reparaciones económicas para 27 víctimas, por montos individuales de entre $2.538.284 y $223.338.864, con actualización conforme a la tasa activa del Banco Nación. El monto global asciende a $2.170.467.831,20.
Además, ordenó el decomiso de 46 inmuebles ubicados en las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Salta, Córdoba, Tucumán y Río Negro; de 12 vehículos y del dinero secuestrado, tanto en moneda nacional como extranjera. También dispuso mantener la subasta de otros 15 automotores que había sido ordenada durante la instrucción.
Funcionamiento de la organización
El templo fue fundado entre 1972 y 1973 y registrado como congregación religiosa en 1981. A través de este culto, la organización se dedicó a captar personas en situación de vulnerabilidad, principalmente menores y adultos en situación de pobreza o familias disgregadas, a quienes se les hacía creer que Dios los había elegido para vivir en la sede central donde serían bendecidos y sus condiciones de vida mejorarían.
Las víctimas eran recibidas en distintos inmuebles de la secta y eran inducidas a despojarse de sus bienes y hacer entrega al culto de lo más preciado y sus objetos de valor, que podía ser desde una propiedad hasta un hijo. Allí comenzaba el adoctrinamiento religioso y la precariedad.
Los detalles de las pesquisas precisaron que las familias pasaban a vivir hacinados en habitaciones chicas y sin ventilación, una comida al día y baños en malas condiciones. Además, cumplían jornadas laborales de 12 horas sin remuneración, que incluían la producción de alimentos panificados y su venta ambulante. Todas las ganancias se entregaban a los líderes del Templo, que controlaban estrictamente las ventas.
Dentro de los métodos empleados por la organización para lograr el control total de las personas damnificadas, uno era la imposición de castigos físicos y psíquicos, que se podía dar por utilizar el dinero de las ventas para comprar alimento, manifestar deseo de irse de la congregación o rechazar una pareja, entre otros casos.
Cuando una persona desobedecía alguna regla, se realizaban reuniones grupales en donde se ponía a la persona a castigar delante de todos y se le propinaban golpes, insultos y retos vergonzosos delante del resto de las víctimas.
Las «cabezas» del templo
La jefa de toda la articulación es Eva Petrona Pereyra, conocida como la “Tía Eva”, junto a su hermana Divina Luz Pereyra -fallecida en 1998- y su sobrina Adriana del Valle Varranza -fallecida en 2019-, llevaron adelante la organización y la manipulación para convencer a los fieles.
Con el liderazgo de la “Tía Eva” el Templo Filadelfia creció en poder y extendió sus actividades a otras regiones de Argentina, como Tucumán, Neuquén, Mendoza y Salta, además de instalar sedes en las ciudades de Asunción y Rio Grande do Sul, siempre bajo la misma dinámica de captación de personas vulnerables, traslado, adoctrinamiento, aislamiento social y explotación laboral.



