Chau al cúter y el troquel: cómo es el nuevo sistema para comprar medicamentos más rápido en la farmacia

A esta altura del partido, ¿a quién no le llama la atención el cotidiano folclore detrás del mostrador de farmacia, cuando el farmacéutico desempolva el cúter guardado en el bolsillo, recorta, de la caja del medicamento, un pequeñísimo troquel -apenas dominable con los dedos- y lo pega (¡con Voligoma!) en la receta médica de turno, que por las nuevas disposiciones, encima debió debió imprimir? Una resolución del Ministerio de Salud publicada en el Boletín Oficial este viernes promete decirle (de a poco) adiós a esa práctica y modernizar el proceso de validación vinculado a esas escenas, dignas de las manualidades de la escuela primaria.

Más allá de San Luis y Santa Fe, provincias ya modernizadas en este sentido, el éxito de la medida a nivel nacional depende de la adhesión de las otras jurisdicciones, por fuera de la ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, los territorios propiamente “nacionales”, que son los impactados directamente por esta decisión de la cartera que maneja Mario Lugones.

La segunda cuestión que de verdad hará realidad lo establecido en el Boletín Oficial ahora es que las siempre precarias y muy desparejas redes digitales de interconectividad entre los efectores involucrados, más o menos funcionen.

Quiere decir, que la vinculación digital entre farmacias, obras sociales y las autoridades de control sea fluida, homogenea a lo largo del país y esté adecuadamente controlada. Por un lado, para proteger los datos personales de los pacientes (nadie, ni siquiera el Estado, tiene derecho a saber quién consumió qué medicamento, como el Gobierno busca saber a través de Mi Argentina). Y por otro, para garantizar lo que en el sector se llaman así: que las recetas «se quemen». Es decir, que nadie las pueda reutilizar, una vez adquirido el medicamento prescripto por un médico matriculado.

Ahora bien, ¿qué es lo que realmente cambia y por qué el troquel pasaría a no ser necesario? Hay que aclarar, ante todo, para qué sirve realmente ese cartoncito extraíble gracias a una línea puntillada o, valga la redundancia, troquelada.

Las farmacias necesitan validar sus ventas con obras sociales y prepagas. Foto: Fernando de la Orden

El troquel es técnicamente un rótulo de identificación de cada medicamento. Incluye un código de barras más uno alternativo (que reemplaza al primero), el nombre del producto y el tipo de presentación (miligramos/mililitros y cantidad), todos datos que identifican a esa cajita y a todas las de su tipo, siempre que hayan sido producidas por los mismos fabricantes, dentro del exacto mismo lote y tengan la misma presentación.

Esa identificación del medicamento es recortable a los efectos de ser una especie de constancia física del acto de dispensa; en el sentido de decir «una caja de este tipo puntual fue entregada a tal persona». Y tal persona es aquella que, ante todo, llevó la receta en cuestión a la farmacia y consignó, en el reverso y de puño y letra (otro aspecto tedioso de la compra de remedios “éticos”, los que requieren prescripción) sus datos personales.

Se podría decir que al poner un pedacito del medicamento (el troquel) en la prescripción (cuando era manuscrita, en su versión original, y desde que es electrónica, en la impresa), lo que termina ocurriendo es que la farmacia se queda con una suerte de muestra testigo -podría decirse- de la unión entre el consumidor y el remedio. Como si el papel con el troquel expresara que «a fulano, la farmacia le dispensó tal cosa».

Si uno vio a un farmacéutico haciendo lo de la pegatina por cinco o diez cajas de remedios que se lleva una persona, habrá pensado que seguro hay una forma de agilizar y digitalizar tanta manualidad.

El problema hace años es que a las obras sociales y prepagas, ese respaldo de papel les viene siendo importante, ya que el papel con el troquel pegado o abrochado es siempre una constancia de lo que la farmacia le factura a los financiadores.

Los tiempos de atención mediante el sistema manual se demoran. Foto: Los Andes

Para decirlo en criollo, que si tal farmacia le factura a cierta obra social tantos remedios dispensados en el mes, el “pagador” (la obra social) pueda chequear que las cosas fueron del modo declarado. Para eso, cada financiador tiene departamentos de auditoría que (mejor o peor, según el caso) se supone que controlan papel por papel y troquel por troquel, todo lo dispensado.

Tanto es el embrollo con esto, que algunas prepagas y obras sociales puntuales (como el PAMI, la más grande del país) contratan los servicios de una de las cámaras de farmacias (FEFARA) para que haga un trabajo específico. De manera automatizada, escanean una por una las recetas (procesan unas 11 millones al mes, según pudo saber Clarín), insumo que luego es entregado a los departamentos de auditoría de cada prestador, donde (con mejor o peor dedicación, según el caso) se controlan troqueles faltantes, recetas mal confeccionadas y otro tipo de errores.

Farmacias y troqueles: el cambio y cuándo se implementa

Llamará la atención saber que la palabra “troquel” ni siquiera está mencionada en la Resolución 638/2026 del Ministerio de Salud. Hay que sobreentenderla, y por eso la mayoría de las noticias que circularon con esta novedad omitieron el dato crucial de los troqueles.

Se hizo foco, en cambio, en lo que de hecho establece el artículo 2 de la resolución, y es que desde ahora (y a implementar en los próximos 180 días) se reconoce “el token digital o los mecanismos equivalentes, como métodos válidos para la identificación del paciente en el acto de dispensa de medicamentos ambulatorios, en tanto sean emitidos por plataformas que cuenten con mecanismos idóneos de registración y autenticación”.

Actualmente no les pasa a todos los afiliados ni lo ofrecen todos los prestadores, pero a muchos ya les ocurre que, luego de mostrar la receta electrónica (o de que el farmacéutico la vea por sistema, contra presentación de DNI o número de afiliado), les pidan un token digital que valide la operación. Ese token pasará a ser más importante que antes.

Así lo aclara el artículo 1, de la resolución: “Las farmacias deberán utilizar sistemas de gestión que adopten mecanismos digitales para la validación y registro del acto de dispensa de medicamentos ambulatorios, promoviendo la eliminación de soportes físicos y la implementación de mecanismos tendientes a mejorar el registro e identificación en el acto de dispensa”.

Entonces, como la receta ya está en la “nube farmacéutica”, la identidad de la persona puede validarse sin escribir nada, por DNI o token digital (el último le asegura al farmacéutico que uno, además de tener carnet de afiliado de la obra social, viene pagando la cuota, es quien decir ser…) y empieza a haber normativas que impulsan la digitalización de todos los procesos (sin papel), eso de imprimir la receta, recortar y pegar el troquel y llenar los datos personales en el reverso, quedará obsoleto.

Y, más aún: el Ministerio les está indicando a las farmacias que en 180 días sean capaces de validar las operaciones de venta por receta hechas (y a quiénes las hicieron) de un modo que no sea analógico.

Otros detalles de la normativa

Otro aspecto que aclara la resolución es que, si el retiro del medicamento lo hace un tercero en nombre del paciente titular de la receta, se reconoce como “métodos válidos de autorización, la delegación de una autorización o credencial digital del paciente, mediante token digital o los mecanismos equivalentes”, algo que algunas obras sociales y prepagas ya tienen implementado también.

Pero, aunque se aclara que, “a tal efecto, los sistemas de información y plataformas digitales vinculados a la salud digital deberán habilitar los mecanismos necesarios y seguros para garantizar la dispensa de medicamentos a quien resulte autorizado”, la normativa suma que “sin perjuicio de lo establecido en el artículo precedente, las farmacias deberán solicitar y registrar en su sistema de gestión, el documento de identidad de la persona que efectúe físicamente el retiro de los medicamentos, sea el propio paciente o un tercero autorizado”.

Los desafíos para que esto funcione son muchos. Uno muy evidente es que, aunque la industria farmacéutica está de acuerdo con la medida (se corroboró con fuentes del sector), ocurrirá inevitablemente la desprolijidad de que en algunas provincias circulen cajas con troquel, mientras que en otras, sin él.

Otro tema -mucho más importante- para ordenar es que no todas las plataformas que usan las farmacias para validar las recetas de los prestadores tienen la misma calidad.

O, por lo pronto, hay quienes advierten que no siempre las recetas “se queman”. Que así como siempre existieron los troqueles adulterados o truchos, también existen las recetas electrónicas capaces de ser reutilizadas.

PS

Redacción

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