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Colecta solidaria para trabajadores de Fate: Cuando la organización se vuelve encuentro

En el marco de más de 41 días de lucha de los trabajadores de Fate, estudiantes de En Clave Roja, No Pasarán y secundarios de Zona Norte acercamos una primera colecta de alimentos y útiles escolares para sus familias. La acción no solo significó una ayuda concreta, sino también el fortalecimiento de un vínculo clave: la alianza entre quienes estudian y quienes trabajan, en un contexto de ajuste y ofensiva contra los derechos sociales. En el día de hoy los trabajadores de Fate junto con sus familiares y organizaciones de la zona realizaron un corte en el Acceso Tigre de la Panamericana.

La iniciativa surgió como suelen empezar estas cosas: con alguien que propone, otro que se suma, un grupo que se organiza. Estudiantes de En Clave Roja, No Pasarán y la Red de Jóvenes Precarizados de Zona Norte, pusimos en marcha una campaña de solidaridad para acompañar a los trabajadores de Fate y a sus familias en medio de una lucha que se sostiene.

Se lograron reunir alimentos, artículos básicos y útiles escolares por un valor de más de un millón de pesos. Pero más allá de la cifra, hubo algo previo que hizo posible todo.

Hubo manos.
Manos que juntaron arroz, fideos, aceite. Manos que organizaron colectas en escuelas, en las universidades que hablaron con sus familias, que acercaron lo que podían. Manos que armaron bolsas, que cargaron, que llevaron. Manos que muchas veces no se conocen entre sí, pero que en ese momento hacen lo mismo.

Esa es la primera clave: en un momento donde desde todos lados se intenta instalar que cada uno se salva solo, estas experiencias van en sentido contrario. Muestran que la salida es colectiva.

Cuando llegamos a Fate, lo que apareció fue un encuentro. Los trabajadores estaban ahí, sosteniendo una lucha dura: más de 41 días de permanencia. Y en ese cruce, entre quienes resisten todos los días y quienes se acercan a acompañar, pasó algo importante.

No hubo distancia.

No había “unos de un lado” y “otros del otro”. Había charlas, agradecimientos sin formalidad, historias que se empezaban a compartir. En ese intercambio, la solidaridad dejaba de ser una palabra abstracta y se volvía experiencia concreta.

Ahí también aparece otra clave: muchos de nosotros somos hijos de trabajadores. Somos, en muchos casos, primera generación en la universidad. Estudiantes que, al mismo tiempo, trabajan en condiciones precarias para poder sostener sus estudios.

Por eso no es casual este encuentro.

Hay algo que circula entre la fábrica y los lugares de estudio. Entre generaciones. Una continuidad. La misma que se expresó en las tomas y movilizaciones masivas de 2024, cuando se cantaba que la universidad es de los trabajadores.

Los propios trabajadores de Fate lo dijeron: así como hoy reciben solidaridad, ellos también acompañan la lucha por la educación pública, porque quieren ese futuro para sus hijos. En ese ida y vuelta se ve una alianza profunda.

La unidad obrero-estudiantil no es una consigna vacía. Se construye en estos gestos, en cada colecta, en cada abrazo, en cada acción compartida.

Y esa unidad es clave en el momento actual. Porque lo que está en juego es grande: el ataque a las condiciones laborales, la reforma laboral que se busca imponer, el ajuste sobre la universidad pública.
Hace falta una fuerza común. Entre generaciones que, aunque tengan recorridos distintos, comparten una misma realidad y un mismo horizonte.

Por eso, desde nuestras agrupaciones vamos a seguir acompañando cada medida de lucha que impulsen los trabajadores de Fate, como lo hacemos desde el inicio del conflicto. Esta colecta es parte de ese recorrido, y vamos a seguir estando presentes en cada una de las próximas acciones.

También hacemos un llamado a todos los centros de estudiantes, agrupaciones y organizaciones a sumarse. Porque esta pelea no es de un solo sector.

Si gana Fate, ganamos todos.

En cada bolsa que se armó, en cada aporte, en cada gesto, hay algo de lo que queremos construir. Una forma de hacer política que no se queda en el discurso, sino que se vuelve práctica concreta.
Una política que apuesta a lo colectivo.

Que demuestra que no está todo dicho. Que frente a quienes sostienen que la juventud está a la derecha o que no se interesa por nada, hay miles que se organizan, que participan, que se solidarizan y que luchan.

Ahí está nuestra confianza.

Porque estas acciones no terminan en una colecta. Son parte de algo más profundo: la construcción de una fuerza común capaz de enfrentar los ataques, defender lo conquistado y pelear por lo que falta.
En esa unidad, en esa solidaridad activa, hay algo que empieza a tomar forma.
Y cuando eso aparece, ya no es solo un gesto.

Es un camino.

Redacción

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