
(Desde San José, Costa Rica) Iris Arias es una maestra jubilada que vive en Costa Rica, tiene poco más de 60 años, y el brillo en sus ojos color café contagia inspiración y emoción. Lejos está el 20 de noviembre de 2002, cuando recibió el diagnóstico de un carcinoma de mama HER2-positivo. En ese entonces, tenía 40 años, daba clases a alumnos de tercer grado, y sus hijos tenían 12 y 14 años.
Hoy, más de dos décadas después, Iris cuenta a Infobae que permanece libre de enfermedad: su testimonio permite mostrar el impacto que la investigación clínica puede tener en la vida de un paciente.
“Hace 24 años recibí el diagnóstico de cáncer de mama. Fue un diagnóstico que nadie quiere ni está preparado para recibir. Tenía alrededor de 40 años y mis hijos eran adolescentes. Fue una noticia devastadora para toda la familia”, contó.
Iris compartió su experiencia durante el Roche Press Day LATAM 2026, realizado el 6 y 7 de octubre en San José de Costa Rica, al que asistió Infobae. El encuentro reunió a especialistas y referentes de la región para debatir sobre investigación clínica, innovación en salud y acceso a nuevas terapias en América Latina.

Antes de participar en la investigación, había atravesado una mastectomía radical y quimioterapia. Relató que el tratamiento estándar de entonces le había planteado una expectativa de dos años de sobrevida. Al terminar la quimioterapia, surgió la opción de integrar un ensayo clínico.
“Pasé por cirugías y por un tratamiento muy agresivo, porque entonces no existía la tecnología que hay hoy para aliviar los efectos colaterales. Cuando terminó la quimioterapia, se abrió la convocatoria a una investigación clínica que me daba la posibilidad de extender mi vida y mejorar mi calidad de vida durante cuatro meses”, explicó a Infobae.
Iris decidió incorporarse al estudio pensando en sus hijos. “Para mí eran cuatro meses maravillosos: podía ser mamá cuatro meses más, mis hijos iban a tener mamá cuatro meses más y podíamos celebrar otro Día de la Madre juntos”, recordó.
El ensayo evaluaba un anticuerpo monoclonal que se encontraba en fase III de investigación, según contó. Recibió el tratamiento durante un año y permaneció bajo seguimiento médico durante una década.
Los controles posteriores no mostraron recaídas ni reaparición del tumor. “Esos cuatro meses de sobrevida que me habían ofrecido se transformaron en 24 años libre de enfermedad”, señaló. Mantiene los controles y exámenes médicos.

Vale destacar que su recorrido no permite predecir qué ocurrirá con otra persona que ingrese a un ensayo. La participación depende de protocolos y criterios médicos, y los tratamientos se evalúan con seguimiento. Aún así, su caso refleja cómo la investigación puede generar información sobre nuevas terapias y, en determinadas situaciones, ampliar las alternativas disponibles.
Iris también atravesó otros diagnósticos oncológicos: cáncer de tiroides seis años después del de mama y cánceres de piel una década más tarde. Tras su experiencia, fue presidenta de la Asociación Nacional Segunda Oportunidad de Vida (Anasovi) y luego fundó la Asociación Risol Sobrevivientes. “Tengo la oportunidad de hablar con muchas mujeres y a todas les doy un mensaje de esperanza: vale la pena vivir”, dijo a Infobae.

El doctor Mario Urcuyo, director estratégico de la Fundación de Investigación e Innovación de la Caja Costarricense de Seguro Social (FII-CCSS), destacó que la historia de Iris muestra el alcance que puede tener la investigación clínica en la vida de un paciente.
“Iris es testimonio vivo de que la investigación clínica es útil”, sostuvo. A la vez, remarcó que los estudios clínicos forman parte de “una de las actividades científicas más reguladas de la ciencia biomédica”. Urcuyo indicó que Costa Rica cuenta desde 2014 con una ley de investigación clínica. Para el especialista, el desafío consiste en mantener los controles de calidad y seguridad para los participantes sin que los procedimientos administrativos prolonguen innecesariamente la puesta en marcha de los estudios.
El director estratégico de la FII-CCSS señaló que, en promedio, la innovación puede tardar siete años en llegar a los pacientes costarricenses. También destacó beneficios para los profesionales y las instituciones: capacitación para los equipos que intervienen en los estudios, estándares de calidad y datos locales que pueden servir para tomar decisiones según las características de cada población.
“Garantizar la calidad de las investigaciones y la seguridad para los pacientes no tiene que estar desligado de la velocidad”, afirmó. Las demoras, planteó, pueden limitar la oportunidad de que más personas accedan a opciones terapéuticas bajo investigación.
Durante el encuentro, distintos expertos señalaron que los estudios clínicos permiten acortar la distancia entre el hallazgo de una terapia y su disponibilidad.

La doctora Fedra Irazoque, jefa del Servicio de Reumatología del Centro Médico 20 de Noviembre de México, planteó que una mayor participación regional en los estudios resulta clave para que los tratamientos en evaluación incorporen información de poblaciones latinoamericanas.
“Creo que es fundamental que cada vez incluyamos más pacientes y tengamos una muestra más representativa”, afirmó. Según explicó, contar con datos de la región permite conocer la respuesta de poblaciones diversas ante una innovación y puede contribuir a que los medicamentos lleguen antes a los pacientes.
Patrick Eckert, Area Head de Roche Pharma Latinoamérica, sostuvo en diálogo con Infobae que la innovación en salud debe considerarse una inversión por su efecto en los pacientes, sus familias y las economías de los países. “Cuando uno invierte en salud, hay un retorno inmediato, no solo para los pacientes, sus familias, sino para la economía”, afirmó.
Advirtió que los pacientes de América Latina esperan, en promedio, más de cuatro años para acceder a innovaciones ya aprobadas en Europa o Estados Unidos. “Hay una injusticia grande ahí”, señaló.

Eckert puso el foco en el cáncer de mama y en la importancia del diagnóstico oportuno. Indicó que gran parte de las mujeres de América Latina recibe el diagnóstico en fases avanzadas, una situación que reduce las posibilidades de sobrevida y puede elevar entre cinco y diez veces los costos para los sistemas de salud.
En tanto, María Pía Orihuela, gerente general de Roche Pharma Argentina, afirmó a Infobae que la investigación farmacéutica debe contemplar tanto la eficacia de los tratamientos como las dificultades que enfrentan los pacientes para acceder a ellos. Según explicó, ese criterio impulsa formas innovadoras de administración, como el desarrollo de formulaciones subcutáneas, tratamientos orales y otras alternativas que, en los casos definidos por el equipo médico, pueden trasladar parte de la atención fuera de los hospitales de alta complejidad y acercarla a los lugares donde viven los pacientes.
“Roche invierte millones en investigación, no solamente para traer resultados clínicos extraordinarios, sino también a la hora de pensar en la experiencia completa del paciente”, sostuvo.
“Lo que hacemos al acortar las distancias no es solo reducir los costos de traslado: es devolverles tiempo a las personas. Tiempo para trabajar, celebrar o simplemente pasar una tarde en casa, sin tener que reorganizar toda su vida para recibir atención”, cerró Orihuela.

