En noviembre del 2010, vivía al lado de la Sagrada Família, se veía desde mi balcón. Empezaban a notarse los efectos del estallido de la burbuja inmobiliaria. Cada día, unas 170 familias en España perdían su casa. Sonaban palabras preocupantes y eufemísticas. Crecimiento negativo, decía el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Novedades tributarias. Desaceleración transitoria. Estancamiento, frenazo, brusca desaceleración, condiciones adversas, deterioro del contexto económico, ajuste, periodo de serias dificultades, situación ciertamente complicada. Todo para no verbalizar lo que era obvio, como si, evitando pronunciarlo, dejara de existir.
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