Mientras el Gobierno nacional profundiza el ajuste sobre el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, la Provincia confirmó que su festival de cine crece por cuarto año consecutivo: más de 250 películas gratuitas, cien pantallas y 60 municipios. La pregunta no es solo cuánto dura ese contraste, sino si un festival bonaerense puede sostener, aunque sea en parte, una industria que el propio Estado nacional dejó de financiar.
La cuarta edición del Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires arranca el miércoles 2 de septiembre y se extiende hasta el 9, organizada por el Instituto Cultural bonaerense con epicentro en La Plata. Entre el Teatro Argentino, Cinema Paradiso, el Cine Select del Pasaje Dardo Rocha, el anexo de la Cámara de Diputados y el Colegio de Arquitectos, más Luján como subsede, la programación llega este año a más de 250 producciones de 28 países, todas gratuitas y con reserva previa online, distribuidas en una red que ya supera las cien pantallas en más de 60 municipios. Es la edición más grande desde que el festival empezó, hace cuatro años, y crece justo en el momento en que el cine argentino atraviesa uno de sus peores años de la historia reciente.
El contraste no es casual. Según un relevamiento de Chequeado, el gasto real destinado al INCAA cayó 49,1% en 2024 y otro 28,7% en 2025 respecto del año anterior; para 2026 el organismo prevé un aumento nominal del 37,3%, pero eso lo dejaría igual 50,2% por debajo del último año de la gestión de Alberto Fernández. El recorte no fue parejo: el apoyo a la producción de películas se derrumbó 81,8% entre 2023 y 2025, el fomento a la exhibición cayó 21,4% y el respaldo a CineAR, la plataforma pública de streaming, se desplomó 98,8%. En simultáneo, los gastos administrativos del organismo pasaron de representar el 41,8% al 47,8% de un presupuesto cada vez más chico. ¿Qué significa que un instituto de fomento gaste, proporcionalmente, cada vez más en sostenerse a sí mismo y cada vez menos en financiar películas?
Ese vaciamiento no ocurre solo por goteo presupuestario. El Instituto también giró unos 37.000 millones de pesos de su propio superávit hacia bonos del Tesoro en lugar de volcarlos al Fondo de Fomento Cinematográfico. Ese superávit se genera con un impuesto del 10% a las entradas de cine, otro del 10% al alquiler de películas y un aporte del 25% de lo que recauda el Enacom a radios y canales. La reforma laboral que el Gobierno envió al Congreso en diciembre profundiza esa lógica: elimina los impuestos específicos que sostienen ese fondo. Hernán Findling, presidente de la Academia de Cine, lo definió sin matices: «Si el Incaa está ahora desfalleciente o moribundo, esto lo terminaría de matar. No tendría dinero.»

Los números de producción ya reflejan ese cuadro. La Nación consignó que el escenario más pesimista para 2026 prevé apenas entre 10 y 12 rodajes de películas, un derrumbe frente a los niveles históricos del sector, mientras que los estrenos nacionales podrían caer por primera vez desde 2009 por debajo de los cien títulos al año: en el primer trimestre de 2026 hubo 26 estrenos, un 26% menos que los 34 del mismo período de 2025. La participación del cine argentino en la taquilla, que llegó a rondar el 13-14,7% entre 2015 y 2018, quedó reducida a alrededor del 3%.
En ese escenario, un festival gratuito de gestión provincial con cien pantallas activas en 60 municipios deja de ser solo un dato de agenda cultural: funciona, en los hechos, como una de las pocas ventanas de exhibición pública que sigue creciendo cuando la plataforma CineAR, la principal herramienta nacional para eso, perdió el 98,8% de su respaldo. Entre los reconocimientos de esta edición hay nombres del cine y el teatro argentino como Dolores Fonzi, Fernán Mirás, Lorena Vega, Carmen Guarini y Benjamín Naishtat, además de un homenaje especial a Charly García, todos actuando dentro de una industria que, según los propios datos oficiales y privados relevados, tiene cada vez menos con qué producir contenido nuevo para llenar esas pantallas. El festival puede multiplicar salas y funciones, pero no fabrica las películas bonaerenses y argentinas que necesita para sostenerse en el tiempo: esas dependen de un fomento nacional que hoy va en sentido contrario.

