Durante años, trabajar en la misma empresa hasta la jubilación era considerado como una señal de éxito profesional. Suponía tener un trabajo fijo, estabilidad y seguridad. Sin embargo, parece ser que esta idea no es compartida entre los trabajadores más jóvenes. Muchos ya no tienen el objetivo de comprometerse con una empresa durante décadas, ni siquiera años. Entienden que la relación debe ser recíproca: quieren esforzarse, pero también recibir desarrollo, reconocimiento y flexibilidad para poder compatibilizarlo con su vida personal. Todo esto lo cuenta a La Vanguardia Cristina Polo, psicóloga de Yees! y del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
La especialista explica por qué ha cambiado la forma de entender el trabajo entre las generaciones y qué buscan antes de ser fieles a una misma empresa durante toda su vida laboral.
¿Cree que existe diferencia entre las generaciones y su compromiso con el trabajo?
Lo que hay es una diferencia en la forma de entender el compromiso. Las generaciones que comenzaron a trabajar en un contexto laboral más estable tendían a asociar el compromiso con la permanencia en una misma empresa. Quienes se incorporan hoy lo hacen en un mercado laboral más dinámico y cambiante, con trayectorias menos lineales que las de generaciones anteriores. Eso hace que muchas personas orienten su compromiso hacia el trabajo bien hecho, el aprendizaje o su profesión, más que hacia ser fiel a una empresa concreta.

¿Qué diferencia hay entre el desencanto laboral de una persona de 50 años y el de alguien de 25?
Una persona de 50 años puede experimentar desencanto en su trabajo tras años de expectativas incumplidas o desgaste profesional. En alguien de 25 años, el desencanto suele aparecer antes porque entra en el mercado laboral con expectativas que chocan rápidamente con la realidad.
¿Qué han visto o vivido los jóvenes en el mercado laboral para pensar que implicarse mucho no siempre compensa?
Si una persona percibe que el esfuerzo extraordinario no garantiza estabilidad, reconocimiento o desarrollo, es lógico que su implicación esté más condicionada. No es desinterés, sino una forma de proteger sus recursos personales y emocionales. Antes, tener una carrera laboral comprometida y de éxito se asociaba a jubilarse en la misma empresa en la que empezó a trabajar. Ahora esa percepción ha cambiado mucho.
Muchos han sido testigos de reorganizaciones, cambios frecuentes de empleo o procesos de promoción interna que no comprenden. Son experiencias que, sin ser la norma en todas las empresas, han hecho que muchas personas jóvenes aborden su implicación laboral con más cautela que generaciones anteriores.
¿Qué buscan ahora los jóvenes en el trabajo?
Buscan organizaciones donde exista coherencia entre lo que se promete y lo que realmente encuentran en la empresa. Valoran el desarrollo profesional, un liderazgo respetuoso, oportunidades de aprendizaje, flexibilidad, un salario competitivo y un entorno que permita mantener una vida personal activa. En definitiva, buscan una relación laboral basada en la reciprocidad.
Ahora valoran mucho la conciliación de la vida laboral y personal. Muchos jóvenes ya no consideran que el trabajo deba definir completamente quiénes son. Por eso muchos buscan construir una identidad más amplia, donde también tengan espacio la familia, las relaciones, la salud, el ocio o los proyectos personales.
¿Qué señales indican que un trabajador está protegiéndose?
Suele cumplir con sus responsabilidades y mantener un buen rendimiento, pero evita asumir una disponibilidad ilimitada o realizar esfuerzos extraordinarios de forma continuada. Marca límites, pregunta por las condiciones antes de implicarse más y prioriza el equilibrio entre trabajo y vida personal. No necesariamente trabaja peor, simplemente gestiona de otra manera su inversión emocional. Antes, un buen trabajador era el que “echaba muchas horas”, y eso es algo que las nuevas generaciones no siempre ven así.
¿Tiene un coste psicológico decidir no implicarse demasiado en el trabajo?
Depende de las causas que hayan llevado a tomar esa decisión. Si responde a una elección consciente para proteger el bienestar, puede ser saludable. Sin embargo, si implica desconectarse de algo que antes resultaba significativo, puede disminuir la satisfacción laboral y generar cierta sensación de desapego o falta de propósito.
¿Qué tendría que ofrecer hoy una empresa para que un joven dijera: “Aquí sí merece la pena comprometerse”?
No existe la fórmula mágica del trabajo perfecto, pero sí algunos elementos clave: un proyecto con sentido, liderazgo cercano y competente, posibilidades reales de desarrollo, reconocimiento justo, estabilidad cuando sea posible, flexibilidad razonable y una cultura basada en la confianza. Cuando una empresa demuestra con hechos que cuida a sus profesionales, es mucho más probable que estos respondan con un compromiso sólido y sostenido en el tiempo.
Anna Rodríguez Hurtado

