Eduardo Arzt, fundador del Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires (IBioBA), prefiere aclarar que cuando él habla de rejuvenecimiento, «siempre es celular”. Quiere evitar falsas expectativas como “rejuvenecer a una persona completa”. Pero lo falso de eso, y frena otra vez, es ese concepto de totalidad. En un futuro de la ciencia (de la ciencia médica) se ve como una verdad, en parte. Un órgano a la vez.
“Que unas células se reprogramen y vuelvan a funciones que con el envejecimiento se habían perdido se puede hacer. Y se está haciendo, con un potencial terapéutico importante”, explica a Clarín el biólogo molecular. El rejuvenecimiento celular también se está investigando en Argentina.
Dice “también” por la noticia que días atrás publicó The New York Times sobre cómo ese reseteo de fábrica tendría el potencial de revertir el envejecimiento. El foco es Life Biosciences, pionera en biotecnología en Estados Unidos, que en marzo comenzó los primeros ensayos de seguridad para probar la terapia ER-100 de rejuvenecimiento en humanos. Un intento de revertir enfermedades oculares y curar el glaucoma.
“Actúa mediante la restauración epigenética para mejorar la función visual”, detalla en su web la compañía. Las células ópticas -como dijo más arriba Arzt- se reprograman y recuperan la función visual a nivel celular, al igual que la salud del tejido. Ya lo lograron en ratones, y ahora se chequeará en 18 personas.
Desde hace 20 años muchos científicos creen que dominar el rejuvenecimiento celular puede ser la clave para transformar cuánto y cómo vivimos. Algunos esperan poder aprovechar el proceso para prolongar la vida durante décadas e incluso evitar el envejecimiento por completo.

El año pasado, con el que equipo que lidera en CONICET, Arzt publicó en la revista científica Aging Cell un paper que describe un novedoso mecanismo por el que las células, al contrario de rejuvenecer, sostienen el envejecimiento. “En algún caso, para algún tipo de tumores, eso puede ser favorable para prevenir la propagación de células dañadas que podrían convertirse en cancerosas”, marca.
Aunque parezca el camino inverso a lo que se busca, la clave es que aún bajo el microscopio quedan muchas preguntas sobre las células jóvenes y las células añosas. Y ahí están las respuestas para que el envejecimiento pegue la vuelta.
Con colegas de España, Brasil y Chile, entre otros países, creó Ibero- ICSA, la rama IBeroAmericana de la Asociación Internacional de Senescencia Celular. Es que senescencia es el proceso de deterioro a nivel molecular. A lo que se quiere poner pausa.
Al entrar en senescencia, las células se transforman en ‘células zombie’, por no dejarse morir, sino sólo no cumplir sus funciones. Se agrandan, como si fuera un intento fallido de dividirse, y al acumularse en los tejidos, pueden contribuir al desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad, como Alzheimer, Parkinson y cáncer. Además, las senescentes comienzan a secretar moléculas pro-inflamatorias y a exportarlas fuera de la célula; una de ellas es la citoquina IL-6.
“Desde hace muchos años estamos intentando contestar una pregunta intrigante que finalmente logramos responder con este estudio: cómo una misma molécula y un mismo receptor pueden disparar en dos células vecinas señales completamente diferentes: senescencia o proliferación”, sostiene el investigador.
Detectaron que mientras un mensaje se envía desde la membrana celular, el mensaje contrario se envía desde el interior de la célula. Este hallazgo sobre la señalización intracelular de IL-6 en la senescencia podría explicar la reaparición de las enfermedades oncológicas, «porque se pueden estar activando simultáneamente dos vías de comunicación paralelas».
Abre nuevas posibilidades que podrían ser especialmente útiles para tratar ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades relacionadas con el envejecimiento.
Ahí Arzt pone el freno por última vez. “Pero no todas las enfermedades tienen que ver con el envejecimiento. Algunas son más complejas que simplemente crecer. Cada órgano tiene un mecanismo específico, y de cada uno de ellos dependerá el avance del rejuvenecimiento celular”.
Cuatro genes
En 2006, el científico japonés Shinya Yamanaka identificó cuatro genes particulares que están activos durante el inicio del desarrollo embrionario. Los insertó en las células de la piel extraída de ratones de edad avanzada, y esperó dos semanas. Cuando volvió a mirar bajo el microscopio, las células de la piel se habían transformado en algo parecido a células embrionarias tempranas. El tiempo había ido hacia atrás. Hasta el reset.
Por el poder de estos cuatro genes, que pasaron a llamarse “factores Yamanaka”, ganó el Premio Nobel en 2012. Y fue el inicio de la carrera médica actual por la longevidad.
Altos Labs, en California, con una inversión de 3.000 millones de dólares al momento de su fundación, en 2022, y el rumor de que el dueño de Amazon, Jeff Bezos, es uno de sus accionistas, es la mayor apuesta a una empresa biotecnológica.
La esperanza ahí hoy es que, arreglando primero el órgano que envejece, por eso estudian el riñón, el corazón o el hígado, que suelen ser los que fallan antes, los científicos puedan dar a alguien una vida más larga y sana. “Si todo se va apagando al mismo tiempo, el periodo de declive será compasivamente breve”, dice el mantra del rejuvenecimiento celular. En Estados Unidos, y también en Argentina.
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