Recuerdo ir de pequeños con mis abuelos belgas. El Vistasol estaba junto a la parte más turística del puerto, y cuando Maria y Sebastià lo abrieron en 1983, alrededor no había casi nada, apenas un puñado de apartamentos sobre las rocas. Era el único sitio en la zona donde hacían hamburguesas y hotdogs, y mis hermanos y yo disfrutábamos con las patatas fritas y el helado de postre. Luego lo llevaron sus hijas, Magdalena y Catalina, y pasó a conocerse como Ca Ses Bessones.
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