Durante muchos años, Petra fue espectadora desde su balcón de la lamentable situación del solar que tenía enfrente, al otro lado de las vías del tren. Gente drogándose, prostitución, peleas… De todo aquello ya no queda ni rastro. Aquel desgraciado descampado de La Florida, imán de todo tipo de conflictos, se ha convertido en un exuberante huerto que mantienen radiante más de 120 vecinos y entidades de l’Hospitalet de Llobregat. Desde hace dos años, la octogenaria Petra cruza si miedo las vías para cuidar del huerto o, simplemente, para coser en este jardín comestible o pasar el rato charlando con otros vecinos, también orgullosos payeses urbanos.
El huerto de la Florida es uno de los seis que ha impulsado y mantiene en pleno rendimiento la Fundació Ferrer Green for Good en Barcelona y su área metropolitana. “Estamos siempre con el radar activado y visitando ayuntamientos para incorporar nuevos solares y hacer crecer el proyecto”, mantiene la directora de las fundaciones Ferrer, Estefania Rico. Los huertos forman parte de un ambicioso proyecto de transformación comunitaria y ambiental a varios niveles. El primer y más evidente es la transformación de solares grises o infrautilizados en espacios productivos donde implementan una agricultura regenerativa (para restaurar y mejorar la salud del suelo degradado). Al mismo tiempo, cada uno de los seis espacios tienen un objetivo social, por lo que su funcionamiento está vinculado a una asociación o entidad. Y además, los huertos están abiertos a universidades y centros de investigación para generar conocimiento sobre la salud ambiental y la agricultura regenerativa. “Uno de los trabajos que se están llevando a cabo, en el marco de una tesis doctoral, es el análisis de la presencia de metales pesantes en la tierra y en las plantas”, explica Nacho Peres, responsable de permacultura de la Fundació Ferrer Green for Good.
“Vengo a trabajar o a coser… esta huerto es mi segunda casa”, dice Petra, una vecina del barrio de la Florida
“Cuando limpiamos el solar para construir el jardín y el huerto –1.000 m2cada uno– encontramos 500 jeringuillas”, dice Esteban Marín, director de Contorno Urbano. Esta entidad gestiona el huerto de La Florida, consolidado como un espacio comunitario por donde pasan vecinos, entidades sociales y colectivos del barrio, que plantan, cuidan y cosechan frutas y hortalizas ecológicas, 441 kilos desde enero a abril (más de 2.000 kilos desde la primera cosecha, en noviembre de 2024).

Cuando llega Petra –“esta es mi segunda casa”, dice–, Salva y Maricarmen están en plena faena: preparaban el terreno para plantar calçots (cada año organizan una calçotada vecinal en el jardín). “Empecé a venir con el SCR –Servei de Rehabilitació Comunitaria especializado en salud mental– y he seguido, trabajar al aire libre es lo mejor”, cuenta Maricarmen. Conrea boniatos, col lombarda, tomates, acelgas, espinacas, cebollas… Salva también es vecino del barrio y jardinero profesional y se apuntó como voluntario desde que vio que se estaba construyendo el huerto.
“Estamos siempre con el radar activado para incorporar nuevos solares”, mantiene Estefania Rico
Cada uno de estos espacios verdes se adapta a la realidad y necesidades del barrio donde está ubicado. “Visitamos el Ayuntamiento de l’Hospitalet y nos ofreció este espacio en el que estaba trabajando Contorno Urbano”, explica Estefania Rico. Para esta entidad el apoyo de la Fundación ha sido definitivo: “Nos permite poder contratar a un técnico –Rafa Reina, otro vecino del barrio– y asegurar toda la actividad que genera este espacio”, explica Marín.

La Fundació Ferrer Green for Good tiene un banco de semillas e imparte formación para que las entidades gestionen los huertos autónomamente. Eficacia y discreción van de la mano en esta fundación de la compañía farmacéutica Ferrer que impulsa los huertos (hay cuatro fundaciones más) con los que fomenta la integración social y abastece decenas de entidades. Entre 2022 y 2025 cosechó 18,6 toneladas de hortalizas. “Destinamos entorno al 50% de los beneficios a causas sociales y ambientales, unos 24 millones de euros al año”, dice Rico.

En La Florida, la Mina, Sarrià o Pedralbes
Ferrer Green for Good impulsa ahora seis huertos que suman casi 8.000 m2. El proyecto arrancó con el Jardín comestible de Rubió i Tudurí, en Pedralbes, donde más de 320 voluntarios cultivan 4.000 m2 de fruta y hortaliza ecológica que reparte la Fundació Assís. El segundo en tamaño, y a punto de una gran ampliación, es el huerto ubicado en el Institut Escola La Mina, de 1.125 m2, que desde hace dos años abastece a 400 personas y se ha consolidado como aula abierta de aprendizaje e investigación. Se trabaja ahora en la incorporación de unos 7.000 m2 para ampliar su alcance social y transformar un espacio de terreno que está abandonado en suelo limpio, verde y productivo. El huerto de la Florida (de propiedad municipal y bajo la batuta de Contorno Urbano), tiene la misma extensión que el Jardín Fènix, gestionado por el CAS Sarrià y del que cuidan personas en tratamiento de drogodependencias. Los alimentos que producen se destinan a La Botiga, un supermercado social gratuito ubicado en el Prat de Llobregat. A todos ellos se suman el Huerto Kalida Sant Pau (440 m2 a disposición de pacientes con cáncer y su entorno) y el más pequeño de todos, en Sant Martí, en un solar de 80 m2 cedido por Médicos sin Fronteras diseñado con un sistema regenerativo biointensivo y cuya cosecha se destina íntegramente al Centre Sant Martí, que la distribuye a personas en situación de vulnerabilidad.




