El progresismo latinoamericano hizo un llamado a reorganizarse y está convocando a una cumbre de sus principales dirigentes en la región para fines de agosto en Uruguay. La movida enfrenta una tendencia por completo diferente. Entre ellos estarán el gobernador de la provincia de Buenos Aires, y otros argentinos.
En frente el espejo les devuelve una tendencia contraria y que se manifiesta de manera agresiva, disruptiva y en voz alta. Javier Milei se ha convertido en el profeta los aliados incondicionales a Donald Trump, la verdadera “ola naranja”, aunque el presidente hizo un llamado a “teñir” de azul Latinoamérica en abierta alusión a que la derecha y la ultra derecha ganen más elecciones de las que vienen ganando en Chile, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia y así incorporar a Brasil.
El llamado III Congreso Panamericano se va a realizar en Montevideo del 21 y el 23 de agosto, y va a ser un un foro que reunirá a alrededor de un centenar de legisladores, gobernadores, ex presidentes, ministros y dirigentes de quince países con un objetivo explícito: construir una agenda común frente al avance de las derechas y responder a la nueva política hemisférica impulsada por Washington bajo la administración Trump.
Esta postura de alineamiento incondicional a Trump encuentra a la región dividida frente al llamado de Trump a los países a incorporarse a su Escudo de las Américas, donde la seguridad frente al narcoterrorismo es vista con la idea de que hay que combatirla con las fuerzas armadas y se trata también de un mecanismo de seguridad, como otros que buscan alejar a China de Latinoamerica, principal rival de Estados Unidos y con una estrategia implacable en lo comercial.
En ese contexto se produjeron los insultos de Javier Milei a Lula da Silva. El libertario fue a apoyar explícitamente a Flavio Bolsonaro en su acto de lanzamiento como candidato presidencial para los comicios del 4 de octubre en los que le disputará la reelección al líder del PT. “Presidiario”, “Ladrón”, “Basura”, le dijo Milei a Lula amparado por el arancelazo de Trump a Brasil para apoyar también al primogénito de Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria por intento de golpe de Estado.
También se ve en estas horas un enfrentamiento de Santiago Peña a Lula da Silva, a cuyo embajador en Asunción citó para entregarle una carta de protesta porque hace una semana Lula culpó a Paraguay de haber iniciado la Guerra de la Triple Alianza. Lula estuvo mal asesorado, pero la reacción de Peña se enmarca en su amistad con Trump y Milei que vienen desafiando al líder de la región, Brasil.
Ahora, la cita en Montevideo del progresismo tendrá un fuerte componente argentino. El principal invitado será el gobernador Axel Kicillof, y otras de las figuras más visibles de la oposición a Milei serán el diputado Jorge Taiana, y el legislador del Parlasur, Gabriel Fuks, entre otros.
Además de Kicillof participarán la ex candidata presidencial chilena Jeannette Jara; dirigentes brasileños; el ex presidente colombiano Ernesto Samper; la ex secretaria ejecutiva de la CEPAL y actual funcionaria mexicana Alicia Bárcena; legisladores demócratas estadounidenses como Pramila Jayapal, Summer Lee y Jesús «Chuy» García, entre otros. Serán unos 100 dirigentes.
El encuentro será inaugurado por el presidente Yamandú Orsi y la vicepresidenta Carolina Cosse, en una señal de respaldo institucional del nuevo gobierno uruguayo a un espacio político que nació hace apenas dos años pero aspira a convertirse en la principal red de coordinación del progresismo americano.
Una respuesta a Washington
A diferencia de otros foros internacionales que procuran mantener un tono diplomático, los organizadores del Congreso Panamericano plantean sin eufemismos cuál es su objetivo político. El tono también se afiló, según dijeron a Clarín quienes participan para competir, con maneras menos insultantes, de la campaña agresiva en redes sociales y verbales, como las usan el propio Milei y sus tribus digitales, contra “los zurdos”, los “comunistas”, los “kukas” a los que llama sin tapujos “mierda” o “basura”. Y desde ahí también arremetieron contra espacios que antes convocaban a la izquierda y a los progresistas como el llamado Foro de San Pablo y su “hijo” político, el “Grupo de Puebla”.
En declaraciones al semanario Búsqueda, en Uruguay, el economista y politólogo David Adler, que coordina la iniciativa, sostuvo que la presencia de legisladores demócratas norteamericanos busca construir una «resistencia hemisférica» frente a las políticas del secretario de Estado, Marco Rubio, y de Donald Trump, a quienes acusa de reeditar una lógica intervencionista inspirada en la Doctrina Monroe.
No se trata solamente de una crítica a la política exterior estadounidense. También es una respuesta a la creciente articulación internacional de las fuerzas conservadoras, dijo.
Los impulsores del Congreso sostienen que la derecha lleva décadas construyendo redes continentales mediante espacios como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), que reúne periódicamente a dirigentes alineados con Trump y de la que Milei se convirtió en uno de sus principales referentes latinoamericanos. Según esa visión, el progresismo había carecido hasta ahora de un ámbito estable de coordinación política.
Toda la agenda del Congreso es contraria a la retórica de la derecha regional pero sobre todo a la libertaria con el discurso anti “woke” que afirman tener en el gobierno: paz, multilateralismo y seguridad; integración económica y reindustrialización; soberanía digital; y políticas de bienestar y cuidados.
El lema del encuentro en el Teatro Solís es «Solidaridad entre los pueblos. Soberanía entre las naciones».
El Congreso Panamericano fue creado en 2024 en Bogotá por iniciativa del colombiano Gustavo Petro, que el 7 de agosto dejará de ser presidente. Su segunda edición se realizó en Ciudad de México en 2025 con la apertura de la presidenta Claudia Sheinbaum. La reunión de Montevideo será la más numerosa hasta ahora, con representantes de quince países de América.

