Entrenar todos los días, tomar suplementos, practicar ayuno intermitente o seguir dietas cada vez más sofisticadas son parte de rutinas que buscan una vida larga. Sin embargo, para Dan Buettner, experto en longevidad, esos actos parten de un error.
El escritor estadounidense tiene décadas de investigaciones sobre las Zonas Azules. Así se le llama a las regiones del mundo donde se concentra una cantidad inusualmente alta de personas que alcanzan los 100 años o más con buena salud.
El objetivo de los viajes de Buettner nunca fue descubrir el «truco» para vivir más tiempo. Buscó entender qué tenían en común esas comunidades y qué enseñanzas podían aplicarse al resto del mundo.
La longevidad en las Zonas Azules: ¿Cómo lo logran?
Durante una entrevista en el podcast ZOE, el experto se pronunció respecto a las personas que conoció en las Zonas Azules.
«Resulta que ninguno de ellos está adoptando conscientemente una nueva rutina saludable para la mañana. Simplemente viven sus vidas. La longevidad es mucho mejor si surge de forma natural que si se intenta forzar», afirmó.

Buettner llegó a esta conclusión mientras dirigía un proyecto para la famosa revista National Geographic –rol que ocupó hace más de 20 años- destinado a estudiar poblaciones excepcionalmente longevas.
Cómo impactan los genes en la esperanza de vida
Su punto de partida fue un dato que suele sorprender: la genética explica solo una parte relativamente pequeña de la esperanza de vida de una población. El resto depende de factores relacionados con la forma de vivir.
“Solo alrededor del 20% de nuestra esperanza de vida como población está determinada por nuestros genes. El 80% restante depende de otros factores”, destacó.
Por eso decidió buscar comunidades donde las personas alcanzaran edades extraordinarias y analizar qué compartían.
Así identificó cinco regiones convertidas en referencia mundial sobre longevidad: Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón), la península de Nicoya (Costa Rica), Ikaria (Grecia) y la comunidad adventista de Loma Linda (California, Estados Unidos).
La clave: vivir en entornos beneficiosos para la salud
Lejos de encontrar una dieta milagrosa o una rutina idéntica en todos esos lugares, descubrió algo mucho más interesante: los habitantes no organizaban su vida alrededor de la idea de «cuidarse».
«No piensan constantemente en hacer algo saludable», explicó. En cambio, viven en entornos donde las decisiones beneficiosas para la salud forman parte de la vida cotidiana.
Ese punto, sostiene, marca la diferencia enrte un cambio temporal y un hábito que dura décadas.
Ambiente saludable, elecciones saludables
Buettner cuestiona uno de los mensajes más repetidos en el universo del bienestar: que todo depende de la fuerza de voluntad y seguir determinada rutina.
A su juicio, intentar modificar el comportamiento únicamente mediante disciplina suele funcionar durante algunas semanas o meses, pero fracasa en la mayoría de las personas cuando pasa el tiempo.
En las Zonas Azules observó que si el ambiente facilita las elecciones saludables, estas dejan de requerir un esfuerzo permanente.
Allí, caminar forma parte de la rutina diaria y no de un entrenamiento programado. La comida casera basada en alimentos frescos está disponible desde la infancia. Las relaciones sociales ocupan un lugar central y el ritmo de vida favorece una actividad física constante, aunque de baja intensidad.
La salud, sostiene, aparece como consecuencia de esa forma de vivir y no como un objetivo perseguido todos los días.
Qué comen las personas que llegan a los 100 años
Aunque cada una de las Zonas Azules tiene tradiciones culinarias diferentes, los estudios realizados por Buettner y su equipo encontraron patrones que se repiten. El primero es que la alimentación gira alrededor de productos vegetales poco procesados.

En Okinawa predominaban durante décadas las batatas moradas y el tofu. En el Mediterráneo abundaban el trigo, las verduras y el aceite de oliva. En Costa Rica, el maíz y los frijoles ocupaban un lugar central.
Sin embargo, el alimento que apareció de manera constante en todas las poblaciones fue otro.
Las legumbres, el alimento en común
«La base de cualquier dieta para la longevidad en el mundo son las legumbres«, afirmó Buettner.
Frijoles, lentejas, garbanzos y otras variedades constituyen, según explicó, uno de los rasgos comunes más importantes entre quienes viven más años.
El investigador también destacó que la mayor parte de las calorías provenía de cereales integrales, verduras, hortalizas, tubérculos y frutos secos, mientras que el consumo de carne era reducido y estaba reservado, muchas veces, para celebraciones especiales.
Más que prohibiciones estrictas, lo que encontró fue una alimentación sencilla, tradicional y basada en ingredientes disponibles desde hace generaciones.

