La distribución del ingreso en la Argentina urbana experimentó un notable deterioro durante el primer trimestre de 2026, marcando un retroceso hacia niveles de inequidad que no se registraban desde los picos alcanzados a comienzos de 2024,. El Coeficiente de Gini, el indicador más preciso para medir la concentración de la riqueza, ascendió a 0,442 puntos, superando tanto el registro del último trimestre de 2025 como el del mismo periodo del año anterior,. Este incremento en el coeficiente refleja una desmejora directa en la equidad social, situándose en el valor más alto desde el impacto inicial de la devaluación ocurrida al comienzo de la actual gestión de gobierno,.
El escenario actual muestra una concentración cada vez más marcada en el extremo superior de la pirámide social. Mientras que el 10% más rico de la población pasó de percibir el 32% al 33,3% del ingreso total en un año, el estrato más bajo apenas reúne una mínima fracción de la riqueza generada. Esta disparidad es aún más evidente al observar que el ingreso medio del decil más alto es diecinueve veces superior al del decil más bajo. Un factor determinante en este crecimiento de los sectores más favorecidos ha sido el aumento de las rentas financieras y otros ingresos no laborales, que ganaron peso dentro de la composición total de sus percepciones,.
En términos de poder adquisitivo real, la situación es crítica para la clase media y los sectores populares. De acuerdo con informes técnicos, la dinámica de ingresos fue sumamente heterogénea y la gran mayoría de la población perdió la carrera contra la inflación, ya que solo los dos primeros deciles y el último lograron incrementos por encima del índice de precios. Además, al descontar los gastos fijos básicos como alquileres, tarifas y transporte, el ingreso disponible se mantiene un 14,5% por debajo de los niveles registrados antes del cambio de administración a finales de 2023. Las jubilaciones y los salarios del sector público también han contribuido a este panorama negativo, mostrando retrocesos reales frente al año pasado.
La desigualdad también se ha manifestado con dureza en el mercado laboral y en la brecha de género. La diferencia de ingresos entre varones y mujeres alcanzó el 29,1%, lo que representa el valor más elevado desde que el INDEC inició la serie estadística actual en 2022,. De forma paralela, la informalidad laboral creció hasta afectar al 44,4% de los ocupados, quienes perciben ingresos que son, en promedio, un 54% menores a los de los trabajadores formales. Aquellos asalariados que carecen de descuentos jubilatorios enfrentan una situación de vulnerabilidad extrema, ganando poco más de la mitad que sus pares registrados.
Hacia adelante, las perspectivas no son alentadoras debido a un mercado de trabajo fragmentado por el crecimiento heterogéneo de los sectores y una mayor precariedad. El ajuste en la asistencia social para mantener el equilibrio fiscal, sumado al uso de los salarios como ancla económica, sugiere que los indicadores de desigualdad podrían seguir deteriorándose en los próximos meses. Con una brecha que se ensancha y una clase media cuyos ingresos se estancan frente al aumento de los costos de vida básicos, la cohesión social enfrenta uno de sus mayores desafíos en la historia reciente,.

