América Latina y el Caribe podría recuperar hasta US$84.000 millones para 2035 mediante el reciclaje, la reutilización y la valorización de los materiales contenidos en su infraestructura de energías renovables, según una nueva nota técnica publicada por la Organización Latinoamericana de Energía (OLACDE). El organismo estima que este potencial económico ascendería hasta US$209.000 millones en 2050, en un contexto marcado por el crecimiento de la energía solar, la eólica y el almacenamiento con baterías en la región.
De acuerdo con OLACDE, el avance de la transición energética —que llevó a que las fuentes renovables representaran el 67,4% de la generación eléctrica regional en 2025— también plantea un nuevo desafío: la gestión de los residuos procedentes de paneles solares, aerogeneradores y baterías una vez finalicen su vida útil o sean sustituidos por tecnologías más avanzadas.
Aunque la mayoría de estos equipos todavía no ha alcanzado el final de su ciclo operativo, la organización señala que las averías prematuras y la rápida evolución tecnológica ya están acelerando la sustitución de algunos componentes, impulsando la necesidad de desarrollar sistemas de reciclaje y reutilización.
La nota técnica estima que, hacia mediados de siglo, la infraestructura vinculada a la transición energética acumulará 81 millones de toneladas de materiales. De ese total, 36 millones de toneladas corresponderán a acero, un volumen equivalente al 63% de la producción anual actual de este metal en la región; 10 millones de toneladas serán de aluminio, casi tres veces la producción anual regional; y 4 millones de toneladas corresponderán a cobre, una cantidad cercana al 40% de la producción anual de América Latina y el Caribe.
Actualmente, la región cuenta con 150 millones de paneles solares en operación y alrededor de 16.000 aerogeneradores, cifras que, junto con el crecimiento del almacenamiento energético, permiten dimensionar el volumen de materiales que deberán gestionarse en las próximas décadas.
Según OLACDE, recuperar estos materiales permitiría reducir la demanda de nuevas actividades extractivas, disminuir las emisiones asociadas a la minería y reforzar la seguridad del suministro de recursos considerados críticos para la transición energética.
La inteligencia artificial como apoyo al reciclaje
La organización también destaca el papel de la inteligencia artificial en el desarrollo de una economía circular para el sector energético. Según la nota técnica, las herramientas digitales y los sistemas predictivos permiten supervisar el estado de los equipos en tiempo real, optimizar las tareas de mantenimiento, prolongar su vida útil y automatizar la clasificación de componentes destinados al reacondicionamiento o al reciclaje.
En el caso de las baterías de litio utilizadas en vehículos eléctricos, OLACDE explica que los algoritmos pueden analizar el historial operativo de cada módulo para determinar si todavía puede destinarse a una segunda vida útil en aplicaciones de almacenamiento estacionario, retrasando así su reciclaje definitivo.
Una oportunidad para desarrollar una nueva industria
Más allá de los beneficios ambientales, OLACDE sostiene que la economía circular representa una oportunidad para fortalecer la industria regional. El organismo considera que la recuperación de materiales críticos podría reducir la dependencia de materias primas vírgenes, disminuir las importaciones estratégicas, impulsar nuevas cadenas regionales de valor y generar empleo especializado, al tiempo que mejora la seguridad del suministro para el futuro sistema energético.
No obstante, la organización advierte que el desarrollo de esta industria requerirá reforzar los marcos regulatorios, implantar sistemas de responsabilidad ampliada del productor y desarrollar mecanismos de trazabilidad y logística inversa, capacidades que aún se encuentran en una fase incipiente en gran parte de los países de América Latina y el Caribe.
Para OLACDE, la sostenibilidad de la transición energética no dependerá únicamente del despliegue de parques solares, eólicos y sistemas de almacenamiento, sino también de la capacidad de la región para convertir los residuos tecnológicos en nuevos recursos productivos mediante modelos de economía circular.

