Las historias de superación en el fútbol no son nuevas, pero la de Igor Thiago tiene todos los condimentos para ser de película. El actual delantero del Brentford de Inglaterra, que acaba de ganarse un lugar en la selección de Brasil dirigida por Carlo Ancelotti, tiene un pasado que pocos conocen y que hoy emociona al mundo del deporte.
Una infancia marcada por la pérdida y el barro
Nacido en Tucuruí, en el estado de Pará, la vida de Thiago cambió drásticamente a los 13 años tras la muerte de su padre. Para ayudar a su madre y mantener a sus seis hermanos, el hoy futbolista tuvo que dejar la escuela y meterse a trabajar como peón de albañil.
«Trabajaba de 7 de la mañana a 5 de la tarde. Cargaba bolsas de cemento pesadísimas y terminaba con las manos destruidas. Al final del día, lo único que quería era jugar al fútbol descalzo en la calle», recordó el delantero en una entrevista reciente.
El salto que le cambió la vida
El fútbol fue su cable a tierra y su pasaporte a la salvación. Tras un paso por las inferiores del Cruzeiro, donde debutó como profesional, armó las valijas hacia Europa. Primero descolló en el Ludogorets de Bulgaria y luego explotó en el Brujas de Bélgica, donde sus goles llamaron la atención de la Premier League: el Brentford pagó 37 millones de euros por su pase.
El elegido de Ancelotti
Su potencia física, su juego aéreo y su capacidad goleadora hicieron que Carlo Ancelotti no dudara en convocarlo para el recambio generacional de Brasil en este Mundial 2026. De mezclar cemento a compartir vestuario con Vinicius Jr. y Rodrygo, la vida de Igor Thiago es el claro ejemplo de que, a veces, el fútbol sí da revancha.



