Con un avance del 65% y una inversión de 690 millones de dólares de todos los argentinos, el primer prototipo de reactor nuclear 100% local sufre una parálisis crítica. Filtraciones de agua, despidos masivos de científicos y la polémica sombra de capitales privados extranjeros marcan el presente del proyecto en Lima.
Lo que supo ser la vanguardia de la soberanía energética en la región hoy acumula agua y pastizales. El reactor CAREM 25 (Central Argentina de Elementos Modulares), ubicado en la localidad de Lima, partido de Zárate, atraviesa su peor crisis histórica producto de la parálisis presupuestaria impuesta por el Gobierno nacional.
Al momento del recambio de gestión, la obra civil presentaba un 80% de avance y el proyecto total rozaba el 65%, con una puesta en marcha proyectada para 2028. Hoy, la realidad en el predio es de un alarmante deterioro estructural y fuga de cerebros.
El agua gana terreno en la tecnología atómica
Los testimonios de los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) describen un panorama de abandono físico que pone en riesgo componentes millonarios ya adquiridos:
- Inundaciones estructurales: El cilindro central de acero que contiene al reactor llegó a registrar la acumulación de más de 20 metros cúbicos de agua.
- Turbinas bajo la lona: El edificio del Balance of Plant (Balance de Planta), que aloja la turbina de vapor —la pieza más costosa del desarrollo—, sufrió filtraciones de hasta 7 metros de agua y actualmente permanece protegido únicamente por lonas.
- Falta de mantenimiento: No hay presupuesto asignado para bombas de achique ni para el desmalezamiento básico del predio.
«Fuga de cerebros» con destino privado

Más allá de los fierros y el hormigón, el mayor daño se registra en el capital humano. La CNEA sufrió recientemente decenas de despidos —35 de ellos abocados directamente a las tareas de conservación del CAREM—.
A la par del ahogo salarial de los profesionales que quedan en los laboratorios, se reporta un éxodo masivo de directores de proyectos, jefes de procesos y equipos de ingeniería civil y nuclear altamente calificados hacia el ámbito privado. En particular, se apunta al desembarco de la firma Meitner Energy —empresa vinculada a capitales norteamericanos e iraníes—, que abrió oficinas en Buenos Aires y Bariloche absorbiendo a mandos medios y técnicos formados durante décadas por el Estado argentino bajo promesas de sueldos ampliamente superiores.
Una orden interna bajo la lupa: ¿Se viene el remate?
La preocupación de la comunidad científica escaló tras conocerse una directiva interna de la Presidencia de la CNEA que autoriza de manera explícita la visita de «interesados» nacionales o extranjeros para relevar activos bajo la órbita de la institución con el fin de elaborar potenciales Iniciativas Privadas.
El memo detalla que las comitivas pueden acceder a instalaciones, documentación técnica asociada e infraestructura clave. Trabajadores de distintas sedes denunciaron que delegaciones empresariales ya recorren laboratorios y áreas de alta confidencialidad, como los mecanismos de control del ciclo de combustible nuclear en el Centro Atómico Ezeiza. A este escenario se le suma un antecedente que despierta sospechas: un hackeo masivo que afectó los sistemas informáticos de la CNEA a finales del año pasado, exponiendo información de ingeniería confidencial del reactor.
Con la parálisis del CAREM, junto a otros proyectos insignia como el reactor multipropósito RA10, Argentina arriesga su posición histórica en el selecto grupo de los ocho países del mundo capaces de completar de forma autónoma el ciclo del uranio, transformando un polo de desarrollo e ingresos futuros en un área desierta y vigilada.



