“La gente desea salir del Whatsap; pasamos todo el día corriendo, trabajando con el teléfono, y después llegamos a casa y vemos una serie. Y decimos: ‘¿Qué hice hoy?’. La gente deja de tener tiempo para el ocio, para la lectura, pero estas actividades son esenciales para el bienestar de cada uno”, dice Daniel Zachariah, presidente de la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina (ALADA), de cara a una nueva edición de la Feria del Libro Antiguo, que comienza este miércoles y se prolongará hasta el domingo, en el Palacio Libertad, de 14 a 20, con entrada libre y gratuita.

Durante esos cinco días el público podrá conjurar en parte el exceso de vida digital entre libros añejos, conversaciones de especialistas y artesanías en papel.
Un hilo conductor de la Feria será el centenario de la publicación de Don Segundo Sombra, la clásica novela de Ricardo Güiraldes. El viernes a las 18 se ofrecerá la charla “Ricardo Güiraldes en la vanguardia. Reconfiguración del mito criollo en la modernidad del 26”, a cargo de Sergio Baur.
Al día siguiente, a las 15.30, las encuadernadoras Sol Rébora, Flor Goldztein, Andrea Rodríguez y Valentina Vilela bordarán una conversación titulada “Encuadernación contemporánea y libros antiguos”. A las 17.30 del mismo sábado, “Coleccionismo: pasión y cultura. Una charla con tres coleccionistas de diferentes generaciones” será el eje del encuentro entre Emmanuel Pan, Carlos Vertanessian y Raúl Naón, que contarán sobre sus tesoros bibliográficos, con moderación de Lucio Aquilanti.
Las presentaciones de libros tendrán su espacio. El viernes a las 19 será el turno de Reynaldo, el Zorro Gaucho, publicado por Mochuelo Libros junto a la artista María Julia Goyena, en una edición limitada y artesanal, que incluye pop ups. El sábado a las 18, en tanto, Ediciones Heliogábalo presentará El rostro humano y Textos y dibujos, de Antonin Artaud, ambos en ediciones limitadas.

Hallazgos
Los visitantes podrán recorrer los stands de 26 librerías, cuatro de las cuales participan por primera vez de la Feria, incluida una de Ecuador, Kosmos. Además estarán los stands de la Biblioteca Argentina para Ciegos, el Archivo General de la Nación y la Biblioteca del Congreso.
Roberto Vega, titular de ALADA hasta el año pasado y propietario de la librería anticuaria y tienda de arte Hilario, anticipa que llevará “el periódico que editaba Pedro de Ángelis bajo la estricta supervisión de Juan Manuel de Rosas. Se llamaba Archivo Americano y en cada número presentaba sus artículos en tres idiomas; en castellano, francés e inglés. El plan consistía en presentar las bondades del gobierno federal ante los ojos locales y los lectores del mundo ilustrado. Hoy, con las nuevas tecnologías, seguimos con esas prácticas que en ocasiones te venden como novedosas. Nos divierte la idea de mostrar que ello es más viejo que la peste…”
Lucio Aquilanti, de Aquilanti libros, hace a pedido de Clarín una breve antología de lo que lleva. Ofrecerá a la venta fotografías vintage de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Horacio Quiroga, Olga Orozco, Auguste Rodin y Mario Vargas Llosa, entre otros; un ejemplar de Los reyes, de Cortázar, con un dibujo a color de Oscar Capristo, en una primera edición de 1949 firmada y dedicada por el autor; y, como diadema, la Segunda parte de la historia general de las Indias, de Francisco López de Gómara, ejemplar publicado en Venecia en 1557, que casi 470 años después reposa en Buenos Aires.
Calibán Bibliocastas, del barrio porteño de Caballito, es una de las librerías debutantes en la Feria. Uno de sus propietarios, Ariel Fleischer, cuenta que tendrán a la venta primeras ediciones de Alejandra Pizarnik y Néstor Sánchez, entre otros autores.
Pero el hit es el Fondo Lorenzo Mascialino, que, entre otras obras, contiene seis ejemplares de autores como Borges, Ricardo Molinari y Enrique Banchs. La peculiaridad es que son obras que Mascialino copiaba a máquina, las ornamentaba, y se las devolvía a los autores para que les hicieran anotaciones manuscritas o dedicatorias.
Del autor de El Aleph hay en ese fondo un ejemplar único de Luna de enfrente, de 1941, en una copia mecanografiada con tinta gris, con dedicatoria del escritor. Y, tal como señala Fleischer, “la estrella”: un volumen de Fervor de Buenos Aires, también de 1941 y con firma y dedicatoria, algo así como una edición única, solapada entre las tiradas conocidas de 1923 y 1943.
Zachariah, por su parte, propietario de The Book Cellar & Henschel, planea mostrar y vender libros de arte de una biblioteca particular que compró recientemente. “Tenemos un raro libro, pocket, The paradise sexual of LSD, muy raro de conseguir. También un hermoso libro en alemán, Der gute doktor, de 1890, restaurado, con poemas de un médico sobre sus visitas a los niños. Y tenemos un informe de 1946 sobre ferrocarriles argentinos, con imágenes, que incluyen ramales que nunca se hicieron. Otra obra que llevamos es un facsímil en francés e inglés de técnicas de esgrima, con láminas, de una edición de 1968, pero el original es de 1765”.

Papeles salvajes
Como novedad de esta edición de la Feria estará la exhibición de obras de la Biblioteca Temática Malvinas, de Ricardo Vallejo. Esa colección posee más de 4000 ejemplares sobre las islas, no solo referidos a la guerra de 1982, sino también a la historia, las costumbres y otros acontecimientos, anteriores al conflicto armado. Una pequeña parte de ese fondo estará exhibida en el evento.
Otra muestra será la del coleccionista Carlos Vertanessian, sobre libreros anticuarios. Aparecerán así retratados el propio Aquilanti en su espacio, el histórico Alberto Casares o el español Andrés Jiménez en su librería de Madrid.

Habrá, como siempre, un espacio taller, donde artesanos del papel exhibirán sus destrezas. Estarán, entre otros, Molino del Manzano, con sus papeles hechos a mano, Melania Macchi, Antigua Imprenta, y encuadernadoras y restauradoras como la ya mencionada Florencia Goldztein. Ella, que cuenta que heredó de su padre la pasión por los libros antiguos, dice que la vigencia del soporte escrito se basa en que tiene “algo atemporal en el sentido literal de la palabra, que trasciende las épocas”.
Agrega que “pasan las revoluciones, pasan las épocas, y el libro sigue ahí. Eso lo vuelve muy poderoso. La época tan veloz, tan descartable y ahora tan atacada por la tecnología, se empodera todavía más ese rasgo del libro. Ese objeto gana valor por ser lo contrario de lo que la época propone”.
En paralelo a la desmaterialización de todo tipo de actividades, que terminan abducidas en el pantano digital, se multiplican las ferias y se reivindican oficios manuales relacionados con el libro.
“Las comunidades siempre se sintieron atraídas por las ferias, se tratara de una feria dominical con los productos llegados desde fuera de los muros de las aldeas o ciudades, o ante las primeras exposiciones universales. Creo que en la psiquis del ser humano, incluso en nuestros días, una feria es la posibilidad de disfrutar en un mismo espacio de una oferta muy variada, y en un ambiente jovial”, razona Vega, de Hilario.

Por su lado, dice Aquilanti: “El mundo digital es una herramienta que, a nuestro oficio, le ha abierto diferentes puertas**, entre otras, la de promocionar nuestras ferias, al mismo tiempo que las pantallas compiten con el papel. Aun así, el MP3 no ha matado al vinilo, ni la escalera mecánica a la escalera tradicional”. Indiferentes a esas opiniones, libros de cronistas de Indias, poemarios de Borges, mapas antiguos y artesanías en papel darán una nueva prueba de su vitalidad en el ex CCK.

