Del Obelisco a telares ancestrales, de Berni a Duville: lo mejor de la vanguardia que dejó arteba 2026

Ya desde la fila para ingresar al circuito de la feria se percibía una vibración emocional definida que recorría cuerpos expectantes para recorrer el nuevo espacio. Muchos buscaban lo conocido, otros, lo inesperado: una fiebre buena pero contagiante. Así se iniciaba el primero de cinco días de arteba 2026, la feria que cumplió 35 años de vida y estuvo abierta entre el 28 de octubre y el 01 de noviembre y que atrajo a 41 mil personas para ver el trabajo de 69 galerías y más de 400 artistas. Y como nadie descansa, ya se lanzó la invitación para la feria del año próximo: del 8 al 12 de septiembre de 2027. «La misión en estos 35 años fue mantener la fidelidad en nuestros objetivos sin perder de vista los constantes desafíos y necesidades del entorno. Entendemos que una institución cultural debe tener la capacidad de adaptarse, abrirse al diálogo», dijo Larisa Andreani, presidenta de Fundación arteba.

Obras de Berni en el stand de Sur, Uruguay. Foto: Cecilia Profetico.

Esa sensación de emoción en busca de palabras que le dieran materialidad es la que describió Juan Vergez cuando recibió, junto con su esposa Patricia Pearson, el Premio arteba al Coleccionismo 2026. Era lo que sentía y siente cada vez que entra a un museo o una galería y encuentra aquello que lo conmueve. Aquella emoción ante lo conocido, siempre vigente y que guarda una cuota de capacidad de asombro eran, por ejemplo, tres obras de Berni, uno de ellos «El último payador», un trabajo textil deslubrante. Más allá, la “Breve historia de Emma”, de Lino Enea Spilimbergo. Un conjunto de 26 monocopias que narra la vida de una prostituta y que fue vendido en 900.000 dólares. También se ofrecieron obras de Tomás Saraceno, Diego Bianchi, Matías Duville, Fabián Marcaccio, Xul Solar o Leandro Katz.

Breve historia de Emma”, de Lino Enea Spilimbergo. Un conjunto de 26 monocopias. Foto: Cecilia Profetico.

Este encuentro anual que reúne a los principales agentes del mercado de arte argentino, de varios rincones del mundo, amplió las fronteras, acercó el horizonte y superó las expectativas. También marcó un hito en la participación de museos internacionales y adquisiciones institucionales. Hubo artistas de Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Perú, Estados Unidos, Reino Unido, Portugal, Puerto Rico y Francia. La feria registró la llegada de 27 destacados invitados internacionales –entre curadores y directores de museos– y más de 100 profesionales y coleccionistas provenientes de diversos puntos del planeta.

Homenaje a Julio Le Parc, pionero del arte cinético. Foto: gentileza arteba.

Entre, artistas, galeristas, coleccionistas y público general recorrieron la feria que esta edición marcó un récord en su Programa de Adquisiciones: 26 museos y fundaciones –10 de ellas internacionales–, adquirieron un total de 55 obras para sus colecciones patrimoniales. El programa, que cumple 21 años, lleva 491 obras adquiridas por instituciones públicas y privadas desde su creación.

Victoria Noorthoorn, directora del Museo Moderno en arteba, junto a una obra de Víctor Florido, en Linse galería, adquirida para el Museo.

El Museo Moderno fue la institución que realizó la mayor cantidad de adquisiciones: 12 obras de distintas galerías pasaron a formar parte del acervo del museo. Al respecto, su directora Victoria Noorthoorn: “Lo más importante de este apoyo muy plural del Moderno a distintas galerías, a distintos artistas de todo el país, es esa voluntad de un museo público de estar presente en nuestra escena, de apoyar a la pluralidad de nuestro ecosistema y demostrar lo mejor del arte argentino en diversas generaciones de artistas, líneas poéticas y perfiles. Quiero agradecer a todos los galeristas y a todos los donantes que lo hicieron posible”.

Mariana Marchesi, Matías Duville y Andrés Duprat en la inauguración de arteba en La Rural. De fondo, la obra del artista que compró el Museo Nacional de Bellas Artes. Foto: Emmanuel Fernández

Matías Duville ingresó a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes con «Pink Ashes» (2024), una carbonilla y pastel sobre papel en el que unas cenizas deslumbran por su color intenso en un paisaje desolado como los que acostumbra a desplegar en grandes dimensiones. Esrtuvo exhibido e en el stand de la galería Barro.

También se vendieron obras de Seba Calfuqueo la artista chilena de origen mapuche, de Diana Aisenberg, Spilimbergo, Flavia Da Rin, Fabio Kacero, Ornella Pocetti, Gracia Cutuli o Liliana Porter, entre muchos otros.

La sección Utopía de esta edición número 35 de arteba presentó un panorama de la escena local enfocado en la experimentación y nuevas propuestas de nuestra escena. Hubo 19 galerías seleccionadas por Juan José Cambre y Santiago Villanueva.

A pocos meses de su muerte, se realizó un homenaje a Julio Le Parc, pionero del arte cinético. La ciudad ocupó el centro de la escena en Rolf Art, con una serie de obras fotográficas que tomaron el Obelisco como eje de una genealogía visual de Buenos Aires, que engarzaban intervenciones artísticas y hechos clave de la historia política.

Florencia Giordana Braun, directora de Rolf Art: la muestra sobre el Obelisco detrás.  Foto: Emmanuel Fernández.

La cerámica también tuvo un lugar en el recorrido, con las escenas en miniatura de Pablo Insaurralde, en las que los objetos cotidianos y la comida se cruzan en pequeñas construcciones y las pacíficas acuarelas de Ariel Cusnir ofrecen una pausa en un terreno contemporáneo convulso.

Desde Salta, Guido Yannitto exploró lo popular, lo ancestral y la transmisión de saberes en un telar en el que la lana de oveja intercambiaba con tapas metálicas de antiguas botellas de refresco; una búsqueda que también recupera la figura del artista salteño Pajita García Bes, ambos presentes en la galería Remota. En la galería Piedras, la artista neuquina Josefina Labourt indagó en la relación entre los cuerpos a través de piezas de joyería cuyos moldes proceden de los espacios de contacto entre dos personas.

Larisa Andreani, presidenta de Fundación arteba. Foto: Emmanuel Fernández.

En este encuentro de cinco días de gran trascendencia se conjugaron todos los escenarios, orígenes, historias y técnicas para dar cuenta del panorama cada día más rico, talentoso y de repercusión internacional del arte argentino y de sus alrededores. Todavía queda mucha historia por contar y por escribir.

Redacción

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