Una paliza de una decena de vecinos contra un presunto ladrón con un cuchillo en el centro de General Rodríguez, sumado a un confuso parte de la Municipalidad que detalla la aprehensión de un hombre de 32 años con una «yuga» a pocas cuadras, exponen la profunda desconexión entre la calle y la burocracia estatal. Tras una exhaustiva consulta de este medio a testigos presenciales, fuerzas policiales, y la Justicia, trascendió que el sospechoso ya habría sido liberado; una decisión llamativa considerando que debió presentar heridas tras el ataque público, un dato que las versiones oficiales no precisaron en ningún informe oficial.
Alrededor de las 22:30 hs de este martes, un violento episodio se sucedió en las inmediaciones de la Avenida Italia y el Pasaje Serafín Bonino, en pleno casco urbano de General Rodríguez. De acuerdo con testimonios recolectados de vecinos y testigos presenciales, un numeroso grupo de más de una decena de vecinos y repartidores inició una feroz persecución contra un hombre que vestía una campera blanca.
Al sospechoso se lo señalaba como el responsable de un intento de robo perpetrado poco antes en la zona delimitada entre el Hospital Vicente López y Planes y el Polideportivo Municipal, utilizando presuntamente un cuchillo para amedrentar a su víctima.
La persecución se extendió por varias cuadras hasta culminar en la esquina de Avenida Italia y Pasaje Serafín Bonino. Previamente, un grupo de personas ya lo había divisado al ladrón en Hipólito Yrigoyen y San Martín, subido a una moto suya en la vereda, pero al no llegar a arrancarla habría huido para cambiarse la ropa y huir.
En ese escape, el hombre intentó refugiarse desesperadamente en una conocida pizzería de la zona, ya en la Avenida Italia (continuación de la San Martín), esquina Bonino. Ante el temor de que el sospechoso ingresara al local mientras era perseguido por las víctimas (y algunos deliveries que se sumaron en ese punto), las personas que se encontraban dentro procedieron a trabar la puerta de entrada a la construcción, pero no pudieron impedir que lo increpen en su patio externo, que por suerte no tenía comensales por no ser fin de semana y ser una noche muy fría.

Pese a alguna intervención que logró bajar el nivel de agresiones, hubo quienes le propinaron una fuerte golpiza, al punto de dejar marcas de salpicaduras de sangre en paredes y piso, incluso alguien que entró diciendo que había sido otra víctima de minutos antes.
Ante la escalada de violencia y el momento en que algunos de los deliveries comenzaron a tomar objetos contundentes, trabajadores de la pizzería intentaron intervenir desde el interior para evitar consecuencias fatales antes de que arribara el auxilio policial, dado que el sujeto no se quedaba en el piso y trataba de escapar y el grupo de indignados no quería permitirlo.
Dijeron los testigos que finalmente fue el SAME quien retiró al herido ladrón del lugar, de quien las víctimas aseguraban que habría material entregado a la justicia para probar su responsabilidad.

Este hecho expone una alarmante realidad que se replica en diversos puntos del Conurbano bonaerense: repartidores organizados mediante redes de mensajería arman «ataques comando» para buscar a sus victimarios.
Según los propios trabajadores de delivery, esta vía de comunicación y acción colectiva surge ante la demora de acciones en flagrancia. No obstante, estas acciones de justicia por mano propia conllevan el riesgo latente de provocar lesiones de extrema gravedad y entorpecer los canales de la investigación judicial, pero la falta de conducción durante la mayoría de la gestión actual en esta materia está terminando en una situación cuanto menos, preocupante.
La versión oficial de lo sucedido: a menos que medias
Por su parte, el área de Prensa de la Municipalidad de General Rodríguez emitió un comunicado oficial sobre un hecho de inseguridad ocurrido casi a la misma hora y a escasas cuadras del incidente anterior. Según este reporte oficial, la aprehensión de un hombre de 32 años se produjo en la intersección de las calles San Martín e Hipólito Yrigoyen.

Foto oficial del reporte de Prensa Municipal
El reporte del Municipio detalla que se recibió una alerta en el sistema de emergencias 911 sobre un presunto robo de motocicleta. Al llegar al lugar, efectivos del Comando de Patrullas visualizaron al sospechoso junto a una motocicleta Yamaha de 125 cc de color blanco, la cual se encontraba estacionada en la vereda. El propietario del vehículo, un joven de 29 años, denunció que el sujeto estaba intentando violentar el tambor de encendido del rodado.
Al momento de requisarlo, el personal policial secuestró en poder del sospechoso una herramienta de fabricación casera conocida comúnmente como «yuga», utilizada usualmente para forzar encendidos. El detenido fue trasladado de inmediato a la Comisaría General Rodríguez Primera, iniciándose actuaciones bajo la carátula de «Tentativa de robo» con intervención de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°10 del Departamento Judicial de Moreno-General Rodríguez. Asimismo, la información oficial del Municipio concluyó indicando escuetamente que el aprehendido presentó únicamente «lesiones leves».

Las contradicciones institucionales frente a los ojos de los vecinos
Al contrastar los testimonios de los vecinos con las respuestas brindadas por las instituciones, la confusión y la desconfianza aumentan notablemente. En primer lugar, la información provista desde el ámbito judicial dista enormemente de lo verdaderamente ocurrido en la vía pública según advirtieron con enojo vecinos afectados y testigos, que tenían que ver con sus ojos las publicaciones oficiales para entender que no era el medio quien aseguraba tal relato.
Desde ya que esta situación es un mal que nos aqueja de un modo ya ridículo durante los últimos tres años de gestión de la Prensa Municipal, acumulando decenas de reclamos ante noticias que solo replican los datos oficiales cuando no se ofrecen más detalles que lo expuesto en gacetillas. Pero dado que el mismísimo municipio publica los partes en las redes sociales, al menos queda expuesto de dónde parten los relatos inexactos.
La falta de pericia y tino o apego por la realidad de los datos y cierta desesperación de comunicar «lo positivo» de Seguridad, ha ido llevando a la administración a extremos vergonzosos. Una persona podría pensar que ante cierta imposibilidad, es mejor no decir nada, pero la conducta repetida ya lleva a dudar más de la intención que de la falta de ‘expertise’. Y dado que las publicaciones las hacen en redes, «a confesión de parte, relevo de pruebas».
La tercera y última mirada es la más preocupante: en la justicia dicen tener la misma versión
Desde la Justicia simplemente se limitaron a informar que el delincuente intentó robar una motocicleta en una casa, que el dueño junto a un amigo lo persiguieron y, finalmente, decidieron otorgarle la libertad este mismo miércoles tras tomarle declaración. Esta versión institucional ignora de manera absoluta la masiva persecución de más de una decena de trabajadores de delivery y la posterior golpiza que se desató en pleno centro comercial ante la mirada de decenas de testigos.
A esto se suma la omisión total del linchamiento por parte de las fuerzas de seguridad y de la propia Municipalidad. Ninguno de los partes oficiales hace mención al violento castigo físico que sufrió el sospechoso en la vereda.
La comunicación Municipal: más tiros en los pies
El informe del Municipio prefiere catalogar el hecho como una aprehensión directa gracias al sistema 911, señalando que el detenido presentaba únicamente «lesiones leves». Semejante calificación resulta inverosímil para los vecinos que presenciaron cómo el grupo de repartidores golpeaba al individuo para evitar que se escapara, dejando visibles manchas de sangre hasta que lo habría asistido una ambulancia. En la mismísima foto del reporte municipal, pese al «blureo», se lo ve visiblemente golpeado, pero no hay una referencia a la intervención de la gente en el proceso de la detención.
Finalmente, la celeridad con la que se resolvió la situación procesal del imputado genera un profundo malestar en la comunidad. A pesar de la abundancia de pruebas materiales que nos comentaron, la gravedad de la necesidad de acciones de agresión física de las víctimas y los señalamientos directos en el lugar del hecho, el sospechoso habría recuperado su libertad en cuestión de horas.
Como dato de cierre, la gota que rebalsa el vaso es que las víctimas directas de los robos nunca fueron notificadas del procedimiento judicial ni de la situación del imputado, quedando sumidas en una total desinformación y vulnerabilidad.
Este abismo entre lo que relatan los testigos que presenciaron los hechos y lo que plasman los comunicados oficiales (o informaciones) desde las instituciones deja un interrogante preocupante en la comunidad, aunque si tomamos toda la gestión política de la Seguridad de Mauro García, ha sido peor que una constante, un incremento.
El «Circo Beat», a la orden
No faltarán los que saldrán a relativizar todo, decir que «es mejor decir las cosas lindas» o al menos por vergüenza, hacer absoluto silencio al respecto, pero esa es la última de las consecuencias de esta situación, una que resulta muy cara e injusta para los constribuyentes y muy conveniente para quienes se presten a esos roles, pero por suerte, absolutamente ineficaz, al menos mientras exista alguna pequeña reserva de ética en algún medio local que se anime a escribir páginas como la presente, pese a que a menudo, no tenga ningún premio o acompañamiento. Quizás también habrá que tener valor en decir que nada pasa sin una sociedad pasiva, servil o acomodaticia. El que nunca hace ni dice nada, por omisión, es parte. Y que cada uno le quepa el sayo que le corresponda.
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