Investigadores de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, sacaron la regla para medir un problema sobre el cual no había demasiadas precisiones. Se trata de la relación entre la carencia de sueño y el aumento de peso corporal. En esta oportunidad, hicieron un experimento que arroja con exactitud cuánto influye un elemento sobre el otro y los resultados acaban de ser publicados en el sitio Annals of Internal Medicine.
“La falta de sueño se asocia con la obesidad. Sin embargo, se desconoce el efecto causal en el estado de peso del sueño crónico y ligeramente insuficiente y su posible variabilidad por género y estado menopáusico”, afirman los autores, cuyo objetivo ha sido “explorar el efecto de seis semanas de restricción del sueño de una hora y media por noche en el balance energético y la regulación del peso corporal”.
Participaron 95 adultos de más de 20 años, con mayor riesgo cardiometabólico, que normalmente dormían al menos siete horas por noche. Cada participante pasó por dos condiciones: sueño adecuado y restricción del sueño (1,5 horas menos por noche). El orden fue aleatorio y hubo un período de “reseteo” entre ambas fases antes de pasar a la siguiente.
En comparación con dormir adecuadamente, la restricción del sueño produjo, al cabo de seis semanas, los siguientes resultados: un aumento de 0,45 kg de peso corporal, 0,52 centímetros de circunferencia de cintura y 0,56 litros de volumen corporal total (compatible con un aumento de la adiposidad corporal).
A esto se agregó un aumento de la leptina de 2,03 ng/mL (aunque la leptina suele reducir el apetito, niveles elevados en personas con exceso de grasa pueden reflejar un aumento de la masa grasa o resistencia a la leptina). Y también se sumó un saldo de 17,2 minutos diarios de tiempo sedentario, lo que implica una menor actividad física.
Así, estas dos necesidades básicas de los seres humanos -y seres vivos en general-, comer y dormir, aparecen estrechamente interrelacionadas. A la hora de las posibles explicaciones, la falta de sueño ha sido asociada a un mayor consumo calórico, mientras la ingesta de determinados alimentos, como la fibra, suele conducir a un sueño más profundo.

Estilo de vida más sedentario
“El estudio aporta evidencia de que una reducción relativamente pequeña pero mantenida del sueño puede favorecer el aumento de peso y de adiposidad, además de promover un estilo de vida más sedentario. Esto sugiere que dormir lo suficiente es un componente importante para mantener un peso corporal saludable y un adecuado equilibrio energético”, señalan los autores.
Marie-Pierre St-Onge, directora del estudio, llama la atención sobre una de las principales conclusiones del trabajo. Afirma que centrarse únicamente en llevar una dieta más saludable y realizar más actividad física para contrarrestar el aumento de peso es “una visión simplista”, y que por lo tanto puede resultar difícil de mantener.
“Si bien el aumento de peso de medio kilo observado con una reducción moderada de sueño no es alarmante, es importante recordar que esto ocurre en tan sólo seis semanas”, advierte Faris Zuraikat, profesor adjunto de medicina nutricional en el Departamento de Medicina y el Instituto de Nutrición Humana de la Universidad de Columbia y primer autor del estudio.
El trabajo se diseñó para simular los patrones de sueño que la mayoría de los adultos experimentan de forma crónica. Según los investigadores, si estos resultados se extrapolaran a un año completo, perder menos de una hora y media de sueño por noche podría entonces traducirse en un aumento de peso clínicamente significativo.
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