El 31 de mayo de 1950 se firmó el decreto que dio vida a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Lo que comenzó como un proyecto estratégico de vanguardia transformó a la Argentina en un referente global: hoy es el país de América Latina con el desarrollo nuclear más avanzado, exportando reactores de investigación a naciones como Australia, Holanda, Argelia y Egipto, y dominando el ciclo completo del combustible nuclear.
¿Para qué sirve la tecnología nuclear en Argentina?

Lejos de limitarse a la teoría, el desarrollo atómico tiene un impacto directo y cotidiano en la sociedad y la economía del país:
- Generación de energía limpia: A través de las centrales de Atucha I, Atucha II y Embalse, el sector aporta de forma constante entre el 5% y el 10% de la energía eléctrica de la red nacional. Al ser una fuente de base (que no depende del clima, como la solar o la eólica) y libre de emisiones de gases de efecto invernadero, es clave para la transición energética.
- Medicina Nuclear: La CNEA produce el 100% del Molibdeno-99 y otros radioisótopos medicinales que abastecen a los centros de salud del país. Estos insumos son fundamentales para el diagnóstico temprano y el tratamiento de miles de pacientes con cáncer y afecciones cardíacas todos los días.
- Aplicaciones industriales y agropecuarias: Se utiliza para la conservación de alimentos, el mejoramiento de suelos, el control de plagas y el análisis de materiales de alta complejidad para la industria nacional.
Un presente marcado por el freno y la desinversión

A pesar de su valor estratégico, el sector nuclear argentino enfrenta hoy una asfixia presupuestaria que pone en riesgo décadas de acumulación científica. La falta de actualización de los fondos frente a la inflación y el freno a la obra pública impactan de lleno en proyectos que estaban cerca de consolidar hitos globales:
- El reactor CAREM 25 en jaque: Se trata del primer reactor modular de baja y mediana potencia diseñado íntegramente en el país. El proyecto, cuya obra civil en Lima (Buenos Aires) se encuentra paralizada o al mínimo de su capacidad, posicionaba a la Argentina en el selecto grupo de países capaces de exportar reactores modulares de nueva generación, un mercado internacional millonario.
- El RA-10 paralizado: El Reactor de Investigación RA-10, ubicado en el Centro Atómico Ezeiza, estaba destinado a asegurar el autoabastecimiento de radioisótopos medicinales para las próximas décadas y a consolidar al país como un exportador clave del mercado global. Su finalización se encuentra postergada por la falta de flujo de fondos.
- Fuga de cerebros y crisis salarial: La degradación de los salarios de ingenieros, físicos y técnicos especializados en los centros atómicos (Bariloche, Constituyentes, Ezeiza) ha provocado una sangría de profesionales formados por el Estado que emigran al sector privado o al exterior, desmantelando equipos científicos que tardaron años en consolidarse.
El Día Nacional de la Energía Atómica encuentra este año al sector no solo celebrando su prestigioso pasado, sino resistiendo en defensa de su subsistencia técnica y operativa. La tecnología nuclear en Argentina no representa un gasto de infraestructura, sino una de las pocas áreas donde el país logró sentarse en la mesa de las potencias globales gracias al valor agregado de su soberanía científica.

