La histórica arteria comercial y gastronómica de La Plata atraviesa una transformación marcada por la caída del consumo, el cierre de locales y nuevos hábitos de compra. Mientras algunos comerciantes luchan por sostenerse, otros apuestan a reinventarse en medio de una crisis que golpea con fuerza.
La postal de la Diagonal 74 ya no es la misma. Durante años, la avenida fue uno de los polos gastronómicos y comerciales más dinámicos de La Plata, con bares repletos, cervecerías artesanales en auge y una circulación constante de estudiantes, trabajadores y turistas. Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar. La crisis económica, la caída sostenida del consumo y las nuevas formas de comprar modificaron el mapa comercial de una de las zonas más emblemáticas de la ciudad.
Persianas bajas, locales vacíos y negocios reconvertidos forman parte de una realidad que preocupa a comerciantes y empresarios. Aunque algunos rubros logran adaptarse, otros quedaron en el camino ante el aumento de costos y la disminución de las ventas.
Rosario, dueña de una pastelería ubicada sobre Diagonal 74 casi esquina 9, vive esa situación todos los días. El alquiler de su local, aunque menor al promedio de la zona, se volvió una carga difícil de sostener.
“A duras penas tengo una sola empleada. Hasta principio de año éramos tres trabajando acá”, contó. Y agregó: “Todos los meses me levanto pensando en seguir dando trabajo o quedarme yo sola en el local, pero siempre priorizo al otro. Esperemos que las cosas cambien pronto”.
Su situación no es aislada. En la diagonal, los alquileres comerciales oscilan entre uno y un millón y medio de pesos mensuales, un costo que muchos comerciantes ya no pueden afrontar en un contexto de ventas cada vez más bajas.
El sector gastronómico fue uno de los más golpeados. Durante 2024 cerraron varios locales históricos, mientras otros optaron por mudarse o reinventarse. El caso de las cervecerías artesanales refleja el cambio de época: el boom que años atrás convirtió a Diagonal 74 en un corredor cervecero parece haber quedado atrás. Cadenas reconocidas como Antares bajaron la persiana, mientras otros emprendimientos, como Peñón, dejaron de funcionar en medio de la caída del consumo y los elevados costos operativos.

La transformación no responde únicamente a la crisis económica. También cambiaron los hábitos de consumo y la dinámica comercial de la ciudad. Hoy crecen otros formatos: cafeterías al paso, pequeños locales con menor estructura y comercios que priorizan la venta rápida o el take away.
En paralelo, la zona también experimentó una renovación urbana. Las obras de ensanche, repavimentación y remodelación de la rambla central mejoraron la circulación vehicular y modificaron la estética de la avenida. Sin embargo, para muchos comerciantes la modernización de la infraestructura no alcanzó para revertir la caída de las ventas.
Los datos económicos reflejan ese deterioro. Según el Índice de Producción Industrial Pyme elaborado por CAME, el rubro alimentos y bebidas registró en marzo una contracción interanual del 9,3%, impulsada por la pérdida del poder adquisitivo, el aumento de costos operativos y la falta de financiamiento. El sector textil también sufrió una reducción del 3% en su nivel de producción.
Además, la capacidad industrial utilizada se ubicó en el 56,6%, mientras que la variación acumulada hasta marzo de 2026 marcó una caída del 12,5%.
Para Alberto, dueño de una librería de la zona, la situación es compleja aunque mantiene cierta expectativa de recuperación.
“Las ventas bajaron mucho en los últimos dos años. Este mes repuntó un poco, pero seguramente tiene que ver con el inicio de clases”, explicó.
El comerciante reconoce que el movimiento ya no es el mismo que hace algunos años y que muchos clientes priorizan gastos esenciales antes que consumos culturales o recreativos.

Desde el sector empresarial advierten que la problemática excede a la ciudad y responde a una transformación económica más profunda. Carlos Capelletti, dirigente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), sostuvo que el escenario actual combina recesión, caída del consumo y cambios estructurales en las formas de comercialización.
“El gobierno actual está más ocupado por la macroeconomía, por estabilizar las cuatro principales variables económicas: tipo de cambio, tasas de interés, etc.”, señaló.
Capelletti afirmó que “llevamos 14 meses seguidos de caída del consumo” y explicó que también se modificó la manera de comprar. “Hay mucha compra en comercios de proximidad, mucha compra por internet, compras al exterior por plataformas como Temu o Shein y mucha venta ilegal”, indicó.
Según el dirigente, el problema ya no pasa solamente por las crisis cíclicas de Argentina, sino por una mutación en los hábitos comerciales. “Siempre hubo crisis, pero hoy cambiaron las formas de comprar y vender. Ahora también existe comercialización directa de la empresa al consumidor, salteando intermediarios como mayoristas o minoristas”, detalló.
Aunque aseguró que el comercio puede readaptarse a esos cambios, reconoció que la principal preocupación sigue siendo la caída permanente de las ventas.
“Hay alta carga impositiva, costos de logística, servicios, alquiler y proveedores. El costo es cada vez más grande y la ganancia menor”, remarcó. Y agregó: “En otros países las empresas hacen inversiones pensando en recuperarlas en diez años; acá se pretende recuperarlas en dos”.
También apuntó contra la apertura importadora y la competencia con productos extranjeros. “Es difícil competir con productos de China que son más baratos y no tienen tantos costos fijos de logística. Por eso cayó la actividad y los comercios locales venden mucho menos”, sostuvo.
En ese contexto, Diagonal 74 parece debatirse entre la nostalgia de una época de auge y la necesidad de reinventarse para sobrevivir. Algunos locales cierran, otros cambian de rubro y algunos pocos logran expandirse. La avenida sigue siendo una de las más transitadas de La Plata, pero su identidad comercial atraviesa una transición que todavía no encuentra un rumbo definitivo.
Para muchos comerciantes, sostener la persiana abierta ya se convirtió en una forma de resistencia.
Y mientras la crisis redefine el consumo y modifica el paisaje urbano, la histórica diagonal intenta adaptarse a una nueva época donde sobrevivir, muchas veces, vale más que crecer.


