Mundo
7 de julio de 2026 10:45
El mandatario saliente rompió los protocolos democráticos al afirmar que el verdadero ganador de los comicios es el izquierdista Iván Cepeda. En respuesta a las acusaciones de fraude y los llamados a la desobediencia civil, el gobierno entrante paralizó el traspaso de mando.
La transición gubernamental en Colombia ingresó en una crisis institucional luego de que el presidente saliente, Gustavo Petro, desconociera de forma abierta la legitimidad de la victoria electoral del derechista Abelardo de la Espriella.
Mediante una declaración pública, Petro afirmó de forma tajante que “el presidente de Colombia es Iván Cepeda”, instalando denuncias sobre un supuesto fraude electoral en los comicios presidenciales.
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La postura del mandatario provocó una reacción inmediata del sector victorioso. El mandatario electo, Abelardo de la Espriella, ordenó suspender de manera definitiva las mesas de empalme y transición técnica que llevaba adelante con el gabinete saliente, rompiendo de esta manera los canales institucionales a un mes del traspaso de mando formal previsto para el 7 de agosto.
A la par del desconocimiento de los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral, Petro sumó presión al escenario político mediante un llamado a la “desobediencia civil pacífica”.
El líder izquierdista instó a sus bases a iniciar movilizaciones masivas en las calles y convocó a una marcha nacional para el próximo 20 de julio, argumentando la necesidad de defender sus reformas sociales antes de dejar el Palacio de Nariño.
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Desde el entorno de De la Espriella calificaron la actitud del Ejecutivo como un atentado directo contra la democracia y la seguridad nacional. Por su parte, los designados ministros de la administración entrante ratificaron que no reanudarán los trabajos conjuntos con el gobierno de Petro mientras persistan los ataques a la validez de los sufragios y los intentos de desestabilización institucional.
Mundo
7 de julio de 2026 06:28
De rescatistas a chatarreros, venezolanos hurgan en escombros tras pérdidas por terremotos
Una cartilla con notas escolares, dibujos coloreados, ropa desgarrada, recortes de periódico y juguetes figuran entre los recuerdos que yacen en las ruinas de lo que alguna vez fueron hogares venezolanos, destruidos por el doble sismo que sacudió el 24 de junio al país.
Los restos de los más de 180 edificios derrumbados en La Guaira, la zona cero del desastre, son vertidos por camiones de carga en un terreno baldío de más de un kilómetro entre la carretera y la costa.
Al menos una veintena de personas necesitadas de dinero hurgan en estos escombros en busca de objetos de valor y metales reciclables.
Estos pepenadores encuentran juguetes, ropa, documentos, retratos esparcidos en este campo que colinda con la bahía.
“¿Cuál es la necesidad de nosotros de estar buscando entre los escombros, de estar comiendo de los muertos?”, preguntaba uno de los chatarreros que pidió anonimato por temor a represalias del Gobierno.
Vestido con ropa empolvada, guantes de tela rústica y un gorro para protegerse del fuerte sol de la tarde guaireña, se preparaba para separar con una pala fragmentos de bloque y concreto en una montaña de escombros. “¡¿Dónde está el Gobierno?!”, exclamó indignado.
– “Esto es basura” –
La tragedia no solo deja hasta ahora más de 3.500 muertos, sino que también sumió en la precariedad a miles de locales que quedaron sin vivienda ni empleo.
El impacto económico es masivo, los daños se estiman en unos 37.000 millones de dólares, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres.
Esta turística ciudad, vecina de Caracas, se paralizó por completo por la devastación.
Casi dos semanas después de los terremotos, la necesidad obliga a padres a buscar comida para sus familias.
“¿Qué pasa con la gente profesional? que se quedaron sin trabajo, entonces uno sale para la calle porque uno tiene muchachos que mantener”, confió a la AFP un mecánico que también pidió el anonimato.
A bordo de una camioneta rústica se dirigió junto a sus dos hijos a la zona de los escombros en busca de cobre y aluminio.
Pueden vender estos metales en hasta cinco dólares el kilo y conseguir ganancias de hasta 30 dólares en una buena jornada.
Dice que le han recomendado centrar su búsqueda en edificios abandonados, pero él se niega porque considera un robo hacerlo en propiedades privadas, incluso en ruinas.
“Aquí no le estamos haciendo nada a nadie y no le estamos robando nada a nadie. Esto es basura, esto lo están botando”, indicó.
Entre los trabajadores del área se dice que algunos han conseguido botines de cientos de dólares en efectivo, probablemente ahorros familiares a resguardo en los apartamentos ahora hechos añicos.
– Pesadillas –
Muchos de los chatarreros que ahora escarban para hallar mercancía, antes lo hacían para encontrar personas enterradas en los escombros.
La mayoría no resistió la presión psicológica que implica ser rescatista voluntario.
“Yo me metí bajo los escombros, buscando gente”, contó un joven que se estrenaba en esta zona de desechos. “Bajaba hasta tres pisos de escombros, por túneles, así como si fuera un topo”, relató.
Después de varios días de labor, no rescató a ninguna persona con vida, solo encontró cadáveres. Su salud mental empezó a sufrir las consecuencias y prefirió enfocar sus esfuerzos a la búsqueda de metales.
“Es algo que a uno le queda en la mente (…) Un día tuve pesadillas, como que estaba buscando en unos escombros y de repente alguien salía de los escombros”, narró también de forma anónima. “Es una vaina terrorífica”.
Casi una decena de chatarreros entrevistados por la AFP coincidieron en el impacto emocional de escarbar en estos montículos de escombros, donde no solo encuentran objetos, sino memorias de quienes allí habitaron hasta hace apenas doce días.
“Me pega emocionalmente porque lo que uno ve aquí son casas de familias demolidas, escombros que pudieron haber matado a una persona”, dijo uno de ellos. “Todo tiene un dolor, todo”, afirmó.
Fuente: AFP
Mundo
6 de julio de 2026 05:29
Más de 3.000 muertos en Venezuela: entierran 150 cuerpos no identificados
Más de 150 cuerpos sin identificar fueron enterrados en una gran hilera de fosas individuales en un cementerio de Venezuela, tras los terremotos que golpearon al país el 24 de junio y dejan más de 3.000 fallecidos.
Los dos potentes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 provocaron el derrumbe de varios edificios en Caracas y devastaron el estado vecino de La Guaira, donde habitantes aún tratan de recuperar los cuerpos de sus seres queridos sepultados bajo los escombros.
De acuerdo con el último balance oficial difundido el domingo por las autoridades, los terremotos han provocado la muerte de al menos 3.342 personas, mientras que 16.740 resultaron heridas.
En el municipio de Catia La Mar, en La Guaira, un grupo de hombres trabajó con máquinas retroexcavadoras para abrir zanjas en una zona apartada de tierra seca en el cementerio local de La Esperanza.
Eli Zavala, residente de la localidad, dijo a AFP que al día siguiente de los sismo empezaron a hacer las tumbas “para que todas esas personas tuvieran sepulturas dignas”.
Los entierros “están numeralizados por parcelas y también por el código” definido para que los cuerpos no identificados sean localizados por sus familiares.
Las autoridades también tomaron fotografías de cada uno de estos cadáveres antes de ser sepultados.
Los rectángulos son delimitados con piedras blancas. En cada tumba hay un pequeño ramo de flores al pie de una austera cruz blanca, con una placa que lleva la inscripción “Identificación especial” y la fecha del fallecimiento, 24 de junio de 2026.
– “No habrá estallido social” –
La magnitud del desastre ha superado la capacidad de las morgues y de los hospitales. Un depósito improvisado para almacenar los cuerpos fue habilitado esta semana en los silos del puerto de La Guaira.
En medio de la tragedia, los venezolanos celebran el día de su independencia este 5 de julio.
En un acto que se realizó con la bandera de Venezuela a media asta, la presidenta Delcy Rodríguez descartó un estallido social, ante los reclamos de los afectados.
“No habrá estallido social, aquí lo que hay es solidaridad social profunda de nuestro pueblo”, dijo Rodríguez, que asumió el poder después de la captura de Nicolás Maduro a comienzos de año en una operación de Estados Unidos.
En la zona devastada por el terremoto, numerosos habitantes expresaron a la AFP su indignación por la actuación de las autoridades.
La población acudió el domingo a misas fúnebres en todas las iglesias del país y se espera en la noche el encendido de velas en varios sitios.
En La Guaira, pobladores siguen tratando de recuperar cuerpos entre escombros en condiciones cada vez más difíciles.
“Esto es horrible (…), pero de aquí no me muevo porque yo sé que está ahí. Encontré su moto, encontré su casco, él está ahí, Dios quiera que con vida. Si no, por lo menos encontrarlo, verlo, uno necesita darles su eterno descanso”, dijo a la AFP Zuly, una mujer que busca a su hijo de 23 años que trabajaba en una panadería.
Desde el día de los sismos duerme con su hija en una plazuela aledaña a la panadería destruida esperando encontrarlo. “De aquí no me voy sin mi hijo”, asegura esta madre.
Fuente: AFP
Mundo
4 de julio de 2026 08:00
Suero en vez de hamburguesas en McDonald’s de Venezuela
Cuatro bolsas de suero cuelgan del techo de un McDonald’s devenido en hospital tras dos devastadores terremotos en Venezuela, donde miles de pacientes acuden a improvisados centros de salud en la zona cero del desastre.
El doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 golpeó con fuerza el estado La Guaira, sin capacidad para una atención hospitalaria masiva en plenos destrozos, con más de 2.600 muertos y unos 12.600 heridos.
Las primeras víctimas se trasladaron a dos hospitales que se desbordaron en pocas horas. Los pacientes acuden ahora a toldos dispuestos en carreteras y hasta en un terminal de autobuses en Catia La Mar, la zona menos turística de La Guaira impactada por los temblores.
Un McDonald’s en Caraballeda recibe a decenas de personas con “crisis hipertensivas, crisis de ansiedad, síntomas diarreicos”, dijo a la AFP Karlys Figueroa, cirujana oncológica de 33 años y voluntaria en la atención a la tragedia.
El lugar es un ambulatorio de campaña, con un área de triaje, farmacia, almacén y zonas de atención psicológica y veterinaria. Más de una treintena de médicos venezolanos voluntarios como Figueroa atienden a los afectados.
En el mostrador donde se entregan las conocidas hamburguesas ahora se reparten arepas y sándwiches donados, y la heladería mutó en un refugio de animales rescatados que buscan nuevo dueño.
Figueroa hace preguntas de rigor a Gilber Oropeza, un bombero que viajó desde el estado Yaracuy para sumarse a las labores de rescate. Ha estado retirando escombros en sus labores de búsqueda de personas. “Creo que por eso me enfermé del estómago”, cuenta a la AFP acostado en un banco acolchado.
“Gracias a Dios vinimos a apoyar, son muchos los afectados que atender”, dice Figueroa, antes de salir del lugar a repartir medicamentos por la zona repleta de escombros de edificios derrumbados.
– “Faltaron manos” –
Tres grandes tiendas blancas se levantaron en el patio de un terminal de autobuses en Catia La Mar. Dentro de cada una hay seis camillas equipadas con monitores para ofrecer atención primaria, tanto física como psicológica.
Una mujer llora en silencio mientras se cubre el rostro con un pañuelo. Un doctor le explica con calma su condición de salud.
Cerca de 4.000 pacientes han sido atendidos en este centro provisional.
Iverson Medina recibe atención en una camilla. Tiene una férula en la pierna derecha y el tobillo izquierdo tras pasar 16 horas entre las ruinas de su edificio.
“Sentí mucho miedo porque yo pensaba que no me iban a rescatar, después de que vi a los bomberos me calmé”, comentó a la AFP Medina, de 13 años, acompañado por su hermana.
Medina y un primo sobrevivieron, pero vio morir a su abuela y a otro de sus primos.
María José Pino, una ginecóloga y obstetra, también sobrevivió al temblor. Con una pierna lastimada, atiende pacientes sin parar desde el día uno.
Pero la impotencia la invade. “Siento que a pesar de lo que hice, como que no hice nada, como que faltó, porque sí faltaron manos, faltó ayuda”, sostuvo.
El doctor Antonio Olaizola explicó a la AFP que el riesgo de epidemias crece a medida que los afectados colman los refugios tras el derrumbe de más de 180 edificios en La Guaira.
“Ya tenemos procesos infecciosos derivados del mismo acontecimiento”, indicó, al advertir que el hacinamiento es “fundamental” en la propagación de enfermedades.
Fuente: AFP



