Lidia Mabel Ojeda, apodada la «Rímolo chaqueña», de 43 años, no era doctora ni había pasado por una facultad de medicina. Su verdadera profesión era la docencia en artes plásticas, pero durante meses logró infiltrarse en hospitales públicos del Chaco haciéndose pasar por médica. Con un guardapolvo y la matrícula profesional de un médico real -el MP 6822 perteneciente a Horacio Daniel Vázquez- se presentó en guardias, atendió pacientes, recetó medicamentos y hasta firmó certificados de defunción.
Desde agosto de 2024 hasta abril de 2026, Ojeda figuró en cronogramas oficiales de guardia en el Hospital Dr. Emilio F. Rodríguez de Quitilipi y en el hospital de Presidencia de la Plaza. Durante ese tiempo, emitió diagnósticos y recetas sin tener formación alguna, y bajo su firma se certificaron al menos nueve defunciones.
Las señales de su falta de preparación estaban a la vista: en un operativo sanitario durante la Copa Indunor no supo realizar suturas básicas y fueron las enfermeras quienes debieron intervenir. A pesar de esa evidencia, el sistema siguió funcionando como si nada.
Cuando se le exigieron los títulos que nunca tuvo, Ojeda desapareció. El último registro firme es del 15 de abril de 2026: cámaras de seguridad la captaron en la terminal de Sáenz Peña subiendo a un micro de la empresa Águila Dorada, cerca de las 15. Desde entonces, lleva doce días prófuga.
En su domicilio del barrio San Cayetano se encontraron bisturíes, agujas, uniformes médicos y papeles quemados, entre ellos un sello oficial del Ministerio de Salud. También mentía sobre su origen: decía ser de Formosa, Corrientes o incluso tener familia en Paraguay, pero en realidad estaba radicada en Sáenz Peña y había votado allí.
Las fallas y consecuencias
El caso expone una falla estructural del Ministerio de Salud Pública: no hubo verificación de títulos, no se cruzaron datos básicos entre DNI y matrícula, y esa omisión permitió que una profesora de plástica ejerciera como médica durante meses.
La Justicia investiga a Ojeda por ejercicio ilegal de la medicina y usurpación de título. La «Rímolo chaqueña» no solo dejó al descubierto la historia de una impostora, sino también la fragilidad de un sistema que permitió que una docente de plástica se transformara en médica y a medida que pasan los días salen a la luz testimonios de familiares de pacientes que fueron atendidos por Ojeda y que, en algunos de los casos, fallecieron.
«Fue incorporada de buena fe»
El doctor Alfredo Acuña, director del Hospital Dr. Emilio Rodríguez, admitió que Lidia Mabel Ojeda, la «Rímolo chaqueña», fue incorporada por «buena fe» y reconoció que no se le solicitó la documentación pertinente. El personal administrativo respaldó al director al calificar el hecho como un «error administrativo».
«Siento un profundo dolor por esta denuncia que nos afecta a todos». El facultativo explicó que la mujer ingresó mediante un convenio y que su incorporación se basó en la confianza, dado que venía desempeñándose en otras regiones sanitarias tras la pandemia. No obstante, asumió su cuota de responsabilidad: «Mi responsabilidad hubiera sido pedirle las documentaciones pertinentes», reconoció al portal quitilipi.com.ar.
Ojeda usurpaba la matrícula MP 6822 perteneciente a un médico y su maniobra comenzó a desmoronarse el 12 de abril. La fiscalía de Sáenz Peña dispuso la orden de captura nacional e internacional para la profesora de plástica que huyó en micro hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



