Dos hermanas construyen un siglo

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

Detrás de cada gran apertura hotelera parisina suele existir, generalmente, una historia familiar sostenida durante años, y la del Hôtel Prince de Conti confirma exactamente esa regla. Alexandra y Julie Marang, al frente del grupo Paristory, inauguraron en diciembre de 2025 esta dirección discreta sobre la rue Guénégaud, capítulo más reciente dentro de un proyecto empresarial que su padre, Gilles Marang, inició hace un cuarto de siglo.
Alexandra se sumó al negocio familiar en 2008, decidida a expandir aquel proyecto inicial hacia nuevas direcciones dentro del mapa parisino. Julie, con una carrera previa vinculada al mundo de la moda, terminó asumiendo la dirección de imagen de marca, aportando esa sensibilidad estética que hoy define buena parte del carácter visual de cada propiedad del grupo. Juntas administran actualmente cuatro hoteles parisinos —Grand Powers, Grand Hôtel du Palais Royal, Plaza Tour Eiffel y este flamante Prince de Conti—, cada uno con personalidad diferenciada dentro de barrios emblemáticos de la capital francesa.
Para esta última apertura, las hermanas eligieron un terreno cargado de historia particular. Ahí mismo se erigía, siglos atrás, la residencia de la familia Conti, linaje princesco del siglo diecisiete y primeros mecenas declarados de Jean-Baptiste Poquelin, el propio Molière. Apenas a pocas cuadras, en la esquina entre la rue de Seine y la rue Mazarine, sobre una antigua cancha de jeu de paume, el dramaturgo fundó junto a las hermanas Béjart el Illustre Théâtre, colectivo pionero que terminaría revolucionando por completo la escena teatral francesa.
Materializar semejante herencia requirió, además, la mirada precisa de Éric Allart, arquitecto de interiores, decorador, diseñador y anticuario convocado especialmente para el proyecto. Su propuesta despliega un clasicismo barroco atrevido, capaz de mostrar en pleno centro parisino elementos decorativos prácticamente extinguidos del paisaje urbano contemporáneo. Basta ingresar al lobby para comprobarlo: ningún mostrador tradicional recibe a los huéspedes, apenas una mesa de época vestida con falda textil, gesto pensado deliberadamente para recrear la sensación de ingresar directamente a la residencia privada de los Conti.
Paneles de madera trabajada, mobiliario diseñado especialmente para la propiedad, una chimenea encendida y un cielorraso pintado con técnica de trampantojo, simulando una carpa festiva propia de los entretenimientos del Grand Siècle, completan esa primera escenografía. Las cortinas, desarrolladas en colaboración con la casa textil Pierre Frey, combinan motivos históricos con referencias juguetonas hacia la estética de los años setenta, mientras el color se despliega sin restricciones por cada rincón disponible del edificio.
La colección artística reunida para la ocasión aporta otra capa de profundidad histórica. Compilada especialmente para la apertura junto a importantes casas de subastas, incluye grabados originales del siglo dieciocho que representan el Hôtel de la Monnaie, un retrato de la duquesa de Navailles, figura recordada por haberse enfrentado directamente al mismísimo Rey Sol, además de una edición original de época de las obras completas de Molière, disponible actualmente en la biblioteca del hotel para consulta de cualquier huésped interesado.
El petit salon, espacio reservado exclusivamente para quienes se hospedan en la propiedad, suma un gran canapé à joues reinterpretado por el propio Allart junto a un papel de pared estampado con motivos de piña, guiño decorativo directo hacia los gustos ornamentales típicos del Grand Siècle. El desayuno, por su parte, se sirve en una sala decorada con celosías verdes que evocan directamente los jardines secretos característicos de las antiguas mansiones privadas del barrio.
Ese mismo espíritu botánico se traslada al patio interior del hotel, diseñado por la paisajista Caroline Vandervort utilizando especies perennes elegidas específicamente por su resistencia y bajo consumo hídrico. Tres habitaciones ubicadas en planta baja abren directamente hacia ese verde reinterpretado, cada una con su propia área ajardinada y rincones resguardados de miradas externas, mientras una suite de pisos superiores regala, desde balcón propio, vista privilegiada sobre ese mismo patio arbolado.
Veintitrés habitaciones y suites conforman el total de la propiedad, repartidas entre once categorías superiores, siete deluxe y cinco suites, dos de ellas concebidas específicamente como duplex. Mobiliario inspirado en modelos antiguos, estampados botánicos evocando la abundancia decorativa del siglo diecisiete, cabeceras barrocas y mesas de luz basadas en asientos de coro conviven, sin fricción aparente, con lámparas de diseño firmadas por Verner Panton. Una de las suites duplex, concebida como micro departamento de identidad setentera, exhibe un cortinado de tela Nobilis de cuatro metros de altura, síntesis exacta entre memoria barroca y espíritu pop del Left Bank parisino.
Los pisos superiores completan ese recorrido narrativo con una alfombra a medida firmada por Codimat, decorada con motivos de muaré reinterpretado que acompañan al huésped rellano tras rellano. En el sexto piso, dos habitaciones de generosas dimensiones, combinables en un único apartamento privado, conservan el espíritu propio de los altos de las mansiones parisinas históricas, con tejas de terracota antigua conviviendo junto a mobiliario barroco reinterpretado. En el quinto piso, una suite con terraza propia domina el Institut de France y el Hôtel de la Monnaie, mientras otra habitación cercana, diseñada como carpa dieciochesca, evoca directamente las fiestas elegantes que solían celebrarse en los jardines de las mansiones privadas del barrio.
El proyecto completo sostiene, además, un compromiso ambiental concreto bajo el sello internacional Green Key. Protocolos de limpieza libres de productos químicos, sistemas de agua zonificados y máquinas de vapor seco conviven con mobiliario y objetos decorativos provenientes exclusivamente de artesanos franceses y europeos. El plantel completo del hotel, además, exhibe una composición donde las mujeres representan el sesenta y cinco por ciento del personal total, equilibrio poco habitual dentro de un sector históricamente dominado por varones.
Alexandra y Julie Marang lograron, en definitiva, mucho más que sumar una cuarta dirección a su portafolio hotelero parisino. Construyeron, sobre los cimientos exactos de una residencia princesca del siglo diecisiete, un homenaje contemporáneo y profundamente personal hacia la memoria familiar, el legado teatral de Molière y ese espíritu festivo tan propio del Saint-Germain-des-Prés que alguna vez fue apenas campo abierto salpicado de huertos y jardines privados.


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Redacción

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