Charla. César Barreto, Jorge Schreiner y Enrique Bendaña.
Foto: Renato Delgado.UH
Los economistas César Barreto Otazú y Jorge Schreiner Marengo pusieron en duda ayer las cifras oficiales del Gobierno sobre el desempeño de la economía paraguaya. El cuestionamiento se dio durante un almuerzo de trabajo organizado por el Centro de Regulación, Normas y Estudios de la Comunicación (Cerneco), dedicado al “Futuro de la economía del Paraguay”.
Barreto fue directo: el crecimiento del 6,6% registrado en un periodo reciente “no fue real”. Desde Desarrollo en Democracia (Dende) nunca proyectaron una cifra cercana al 6%. “No entendíamos qué es lo que pasaba porque los indicadores que sacaba el Banco Central indicaban otra cosa”, explicó. La diferencia, según su análisis, coincidió aproximadamente con dos puntos de déficit fiscal que no estaban siendo registrados correctamente.
El economista señaló que en los últimos años el país crece asumiendo mucho más riesgo macroeconómico que antes de la pandemia. El déficit fiscal se incrementó de manera sustancial y el gasto público se financia con endeudamiento, incluso para cubrir gastos corrientes como la compra de medicamentos. “Estamos creciendo, sí, pero estamos creciendo cada vez más apalancados”, advirtió. Esa solvencia de hace unos años, dijo, se puede convertir rápidamente en una debilidad.
Schreiner coincidió en que existe una desconexión entre las cifras que se publican y la realidad que vive la gente. “¿Por qué crece Paraguay, macroeconómicamente le va bien, pero la gente se queja?”, se preguntó. La respuesta, sostuvo, está en la estructura económica: sectores muy dinámicos como el agro y la ganadería impulsan el PIB, pero generan poco empleo y, por lo tanto, no producen el derrame esperado. Además, muchos de esos sectores tributan poco por regímenes especiales o exenciones, por lo que el crecimiento del PIB no se traduce en mayor recaudación.
Empresarios presentes en el encuentro fueron aún más contundentes. Uno de ellos afirmó que “este país es todo mentira desde la cantidad de habitantes”. “Se importan más autos que habitantes. Todo está equivocado. Apenas se toca algo, ni el IPS. Los números son todo mentira”, dijo. Otro participante pidió reducir a la mitad la cantidad de políticos “para que no se distorsionen” las decisiones.
Barreto también cuestionó las proyecciones oficiales de crecimiento del 7% u 8% que se utilizaron para justificar el lanzamiento simultáneo de programas de alto costo, como la universalización de Hambre Cero, el programa de tercera edad y el aumento de cinco mil policías por año. Según explicó, el salto de recaudación de 2024 se debió principalmente al cambio de política cambiaria en Argentina, no a un crecimiento genuino de la economía local.
Sobre el tipo de cambio, el economista consideró poco realista la expectativa de un dólar en G. 6.450. Las variables internas (gasto fiscal y crédito) y externas apuntan más a la baja que al alza. “Es muy difícil lo que uno puede esperar que el dólar aumente de manera importante”, afirmó.
Schreiner sumó otra crítica: la costumbre de responder a cada problema con un nuevo plan a largo plazo (2030, 2050) sin cumplir la mayoría de los objetivos anteriores. “Pregunten cuántos de los Objetivos del 2030 se cumplieron. No llega al 10%. Culturalmente, huimos de la realidad”, señaló.
Ambos coincidieron en que el principal riesgo actual es el déficit fiscal. El presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo ya reconoce un déficit del 3,9%. Barreto recomendó no agravar la situación de cara a 2028 y planteó una agenda de fuerte disciplina en gastos corrientes (salarios, jubilaciones y programas sociales) para el próximo gobierno. Con ese control, sería posible sostener una inversión pública cercana al 2% del PIB sin aumentar impuestos. Cualquier expansión adicional de programas de alto costo, advirtió, reduciría ese espacio por años.



