El calor repentino, los despertares nocturnos o esa sensación de “incendio interno” que muchas mujeres describen durante la menopausia no son imaginarios ni simples desajustes hormonales. Detrás de los sofocos existe un mecanismo neurofisiológico complejo en el que el cerebro juega un papel decisivo. ¿La consecuencia? El organismo interpreta como exceso de calor cambios mínimos de temperatura y activa una respuesta de emergencia que desemboca en sudor, vasodilatación y sensación de calor extremo.
]]>



