Durante siglos, el activo más solicitado de las tribus que habitaban las estepas del centro de Asia eran los caballos. Persas, otomanos y chinos iban detrás de las manadas de las tribus porque sabían que sus caballos eran los mejores, y eso era determinante para la movilidad de los ejércitos. En el fascinante El corazón del mundo, el historiador Peter Frankopan explica que cada vez que esas tribus encontraban un líder que las unificara (fuera Atila, Gengis Khan o Tamerlán), los hombres de las estepas partían hacia el oeste (a veces también hacia el sur o hacia China) y la rapidez de sus avances sembraba el pánico de los reinos y ciudades a los que se acercaban.
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