Durante años, la familia Smurl aseguró haber convivido con algo que no podían explicar. Lo que comenzó como una mudanza forzada tras el devastador paso del huracán Agnes, en 1972, terminó convirtiéndose en uno de los casos paranormales más conocidos de Estados Unidos.
Entre voces que parecían surgir de la nada, objetos que cambiaban de lugar y fenómenos cada vez más agresivos, la familia pasó más de una década intentando entender qué estaba ocurriendo dentro de su casa en West Pittston, Pensilvania.
Jack y Janet Smurl llegaron al dúplex de Chase Street junto a sus hijas y los padres de Jack, después de que su antigua vivienda quedara destruida por las inundaciones. La casa no podría llamarse el «hogar ideal», pero era lo que podían permitirse y representaba una nueva oportunidad para empezar de cero.

Sin embargo, apenas unos meses después de instalarse comenzaron a ocurrir situaciones extrañas. Una mancha oscura aparecía repetidamente sobre una alfombra recién comprada, herramientas desaparecían durante los arreglos y reaparecían en lugares sin sentido, mientras que las paredes amanecían con arañazos.
Una casa con fenómenos cada vez más inquietantes
Al principio intentaron encontrar respuestas lógicas. Después de todo, vivían en una construcción antigua y muchos de los ruidos podían atribuirse al desgaste del tiempo. Pero los episodios sucedían cada vez más rápido.
Olores intensos a azufre y carne podrida recorrían las habitaciones, radios se encendían solas, voces llamaban a los integrantes de la familia por su nombre y los vecinos aseguraban escuchar discusiones que, según los Smurl, jamás habían ocurrido… Aunque aquellas voces sonaran igual a las de la familia.
Con el paso del tiempo, los fenómenos dejaron de ser simples rarezas para convertirse en una fuente permanente de miedo. Las hijas de la pareja afirmaban ver figuras extrañas durante la noche, ráfagas frías aparecían sin motivo y las sombras comenzaron a transformarse en una presencia habitual.
Según los testimonios recopilados por la familia, aquellas formas oscuras parecían observarlos desde los rincones de la vivienda y desaparecían apenas alguien intentaba acercarse.
La situación alcanzó otro nivel cuando los sucesos comenzaron a involucrar agresiones físicas. Una lámpara cayó repentinamente sobre una de las niñas y le provocó una herida en la cabeza, varios integrantes de la familia despertaban con arañazos en el cuerpo y Jack relató experiencias que aseguraban no poder comprender.

Incluso Simón, el perro de la familia, empezó a reaccionar con nerviosismo ante espacios aparentemente vacíos y, según contaron los Smurl, llegó a ser arrojado contra una pared por una fuerza invisible.
Oraban, pero eso no les brindaba tranquilidad. De acuerdo con los relatos de la familia, los rezos eran interrumpidos por golpes, susurros y movimientos extraños de objetos religiosos. Los crucifijos aparecían torcidos o desaparecían de un lugar para reaparecer en otro.
Las noches era cada vez más insoportables y el miedo comenzaba a afectar física y mentalmente la salud de los integrantes de la familia. Desesperados, recurrieron a sacerdotes y representantes de la iglesia. Algunas oraciones parecían generar breves períodos de calma, pero el alivio era momentaneo.
Fue entonces cuando una amiga de la familia sugirió contactar a Ed y Lorraine Warren, el matrimonio que ya había ganado notoriedad por investigar algunos de los casos paranormales más famosos del siglo XX.
La llegada de los Warren y los exorcismos no resolvieron el caso
Los Warren visitaron la vivienda y aseguraron que allí actuaba algo mucho más complejo que un simple fenómeno poltergeist. Según Lorraine, la casa estaba ocupada por varias entidades y una de ellas tenía características demoníacas.
Durante la investigación, registraron testimonios, grabaciones de audio y distintos episodios que, para ellos, reforzaban la idea de una infestación sobrenatural. Convencidos de que la situación era grave, comenzaron a presionar para que la iglesia autorizara rituales más contundentes.
Los exorcismos llegaron, pero no trajeron el final que la familia esperaba. Hubo momentos de calma después de cada ceremonia, pero los fenómenos siempre parecían regresar. Golpes aislados, olores extraños y la sensación constante de ser observados siguieron acompañando a los Smurl, incluso cuando creyeron haber dejado atrás lo peor.
Después de años de intentos fallidos y de una creciente exposición pública, la familia terminó abandonando la casa. Sin embargo, mudarse tampoco significó un cierre definitivo. Según los propios Smurl, algunos fenómenos siguieron manifestándose después de Chase Street.
La historia se volvió un fenómeno mediático, inspiró libros, programas de televisión y terminó siendo uno de los casos más famosos de los Warren. También generó una enorme división entre quienes creen que la familia convivió con algo realmente sobrenatural y quienes sostienen que todo puede explicarse por el estrés, la sugestión colectiva o el impacto de la creciente fama de los investigadores.

